website counters

 
 

 

LA CASA  DEL  JABONERO 

Jorge Paredes Romero

   

 Dibujo a lápiz  realizado por mi amigo Percy Herrera A.  (Arequipa 1971)

 

 

La casa del jabonero

Esto fue escrito el año 1971 y en el 2017, es decir 46 años, después, este libro sigue teniendo actualidad, al no existir mejoras en el sistema carcelario del país, sino más bien un agravamiento de las condiciones de vida de los miles de internos en las distintas cárceles peruanas y lo que es peor, el recrudecimiento de la violencia y el crimen, lo que motiva el hacinamiento de los centros penitenciarios.

No debe llamar la atención el contenido de lo escrito, ya que fue realizado hace 45 años, lamentablemente la situación no ha mejorado, puedo afirmar que ha empeorado, de modo que lo escrito tiene vigencia hoy.

La primera parte es una serie de diálogos entre presidiarios, lo cual revela claramente qué hacen o hacían esas personas allí, es lo mismo hoy, aun peor

Es en la última parte del ensayo, en el epílogo, es donde esbozamos sobre lo que podría ser la prevención y el tratamiento que debería darse los casos de personas internas en penales, en donde lejos de realizarse un proceso de rehabilitación, se estaría empeorando la situación de miles de personas en Perú internas en penales inadecuados.

Pero hay otro problema. no todos los que allí están son personas necesariamente malvadas, muchos de ellos son consecuencia de lo que esta sociedad viene procreando, ellos merecen la asistencia de Psicólogos jurídicos, además de una rehabilitación especial, son seres humanos, victimas y debe ayudárseles.

Jorge Paredes Romero

5 de noviembre del 2017

 

Haga clic aquí y deje sus opiniones sobre la lectura de este ensayo social "La casa el jabonero" Muchas gracias

 

 

P R O L O G O

Todas aquellas personas que tienen en mente escribir algo, lo hacen con la firme intención de, por lo menos, enviar un elemental mensaje, para aquellas otras personas que alguna vez fueron llamadas por el insigne Manco de Lepanto, Cervantes y Saavedra, "desocupados lectores".

Pues, estas líneas, aparte del cometido tradicional de entretener, tienen un contenido de "protesta", de una enérgica protesta, por la realidad carcelaria de Perú o de cualquier otra parte del mundo, en donde existan iguales o peores "Centros de reeducación", anacrónicos, despanzurrados, retrógrados y carniceros, prácticamente son anárquicas selvas, a las que muy bien podrían llamarse "escuelas del crimen" o Centros de altos estudios para el crimen (CAEC ) y esto debido a la existencia de penales tugurizados, a la enorme población de internos desocupados, etc., todo ello fomentado por la falta de incentivos y adecuados talleres, y los que existen, con "salarios" de hambre, salarios del miedo, explotación consentida y ociosidad promocionada.

Bueno, esta historia es con personajes ficticios, pero lo relatado es tremendamente real,  por desgracia muy real, aunque se omitieron muchos datos, debido a la olvidadiza memoria de quien me lo relató; disculpable, toda vez que lo que allí se vive es cada día más emocionante, y a la vez asqueroso; cada momento más crudo y espeluznante, esto hace que lo presente desplace de inmediato lo anteriormente experimentado, pero aun así se puede vislumbrar gran parte del contenido vivido por Aldo, el personaje central de este relato.

Si es que hubiera alguna objeción a lo escrito y relatado, estoy llano a aclararlo, en defensa de los personajes a los que represento como autor. Lo cierto es que ardía en deseos de escribir esto, siempre he deseado hacerlo, no solo en protesta por lo que se hace a tal o cual persona, sino por lo que se realiza en el nombre de la justicia, de la manoseada "justicia", que se imparte en dichos centros de supuesta reeducación, a miles de seres humanos, muchos de los cuales son inocentes.

Muchas veces, la vida nos da pretextos para tal o cual acción y abanderados con tal disculpa, se comete asquerosidad y media, abanderados en el poder, que aliena cada día, se cometen injusticias, dando placeres a sus autores, sádicos placeres, propios de los tienen desórdenes mentales, ¡y pensar que son ellos los que imparten justicia...?

Situados donde están, con poder y dinero, se olvidan de sus semejantes, que por algún error cometido, están condenados a vivir como ratas, cual leprosos, como bestias; a tener que subsistir siguiendo la ley de la selva, la ley del más fuerte, condenados a soportar la hediondez de la cárcel, en vez de ayudar a solucionar sus problemas; de superar los traumas físicos, psíquicos y sociales, que pudieron llevar a nuestros semejantes al delito, incapaces de superar los problemas causantes de la desgracia, de los que por tratar de "vivir" de la mejor manera que esta sociedad les facilita o posibilita, caen en las garras de los encargados de "reeducarlos" y en lugar de propiciar una mejor manera de vivir a estos seres atormentados y desvalidos, la autoridad, carente de sentimientos hacia la sociedad, muchas veces en vez de cobijarles, reeducarles y reintegrarlos, les hace daño, mucho daño. Aún las “permisiones”, las “colusiones” entre autoridad e interno, hacen más daño…

Justicia, es la virtud que nos hace dar a cada cual lo que le corresponde. Derechura, equidad, imparcialidad, rectitud. Derecho de pronunciar sentencias y de castigar los delitos; eso es administrar justicia.

Delito, es la violación de la ley, de importancia menor que la del crimen. Falta, culpa, infracción, violación.

Crimen, es el delito grave, atentado, fechoría, asesinato, homicidio.

Será tan difícil, para quienes lean estas líneas, creer que esto sea cierto, renegaran al tener en manos este escrito, habrá otros que se incomodarán por la realidad denunciada y escrita, pero lo que sí es cierto es que tenemos que luchar por hacer realidad nuevos tipos de penales, con características autenticas de un Centro de Reeducación, porque...

En "La casa del jabonero, el que no cae resbala..."

Jorge Paredes Romero

  

J U S T I C I A   I N N 

Descargar la versión cantada por Jorge Paredes o escúchela aquí    

Aunque tu mano implore, aunque tus ojos lloren,
nunca te harán justicia, ¡Injusticia! encontraras.

Por más que tú lo ruegues, por más que tú lo exijas,
en este mundo turbio que es tan injusto, no te oirán.

Más rebuscaras y no hallaras más que maldad,
siempre, siempre pensando en la justicia.

Y... comprenderás que nadie hará justicia fiel
te resignaras a vivir siempre así?.

Cuántas veces necesitaste justicia, ¿te la dieron?
Pero si acaso tuvieras dinero y poder tendrías " justicia "
Ahora te dan JUSTICIA INN, dicho al derecho o al revés
igual quiere decir: Justicia inn, justicia moderna o INN JUSTICIA.

Por Jorge Paredes Romero
Año 1971 Arequipa - PERÚ
.

 

 

LA CANA


La cárcel o penitenciaria, vulgarmente llamada "cana" - es mejor acostumbrarse a esta ultima acepción -, es un lugar que muchos o casi todos ignoran cómo es en realidad. El término mismo suena desconocido, dentro de nuestro habitual vocabulario, lógico, ¿alguien piensa estar allí? ¡Difícil, pero no imposible!, por ello siempre es bueno visitar a los presidiarios y darse cuenta cómo es en realidad "La casa del jabonero”.

Lo que a continuación Uds. lean, sonará a cuento, fantasía, es decir que el autor lo haya inventado, para otros esto tendrá olor a cierto y quizá muy inocente, ya que la realidad puede ser aún más cruda, bueno, lo interesante es que lo lean y luego, cada uno interprete o emita juicios de acuerdo a su criterio.

Simplemente me place poner a consideración lo siguiente...

 

Nueve de Julio del año 1971, un día como cualquier otro, dentro de los conocidos por nosotros en nuestro cotidiano relacionar con la vida; por efecto de un "purgante social" es expelido de un "dichoso lugar" llamado juzgado, un decreto en contra de un joven alegre y feliz de la vida, que por el único delito de creer en la justicia de hombres, resultó perdiendo lo más sagrado y hermoso para él: LA LIBERTAD.

Lo cierto es que...

- Ud. Aldo Márquez ¡Pase por acá!

Me llevaron a una sala pequeña y obscura, donde me solicitaron todos los datos habidos y por haber, a poco me desnudan con el fin de descubrir mis señas particulares, se me hizo una prolija impresión de huellas dactilares de las "patas" y digo así, ya que solo un cuadrúpedo podría tener confianza en la justicia de “Don Sancho", que al ver un par de piernas de cualquier calibre, pero del espécimen llamado mujer, era capaz de mandar al hueco a su madre.¡ Bah ! Sucio rol de la desvirtuada justicia.

Luego, al regresar al pasillo, me encontré con un par de muy bien uniformados efectivos de la Guardia Republicana, total el nombre de ellos no tiene importancia, lo que pasó después, si.

- Márquez  ¡acompáñenos!

- ¿A dónde?

- ¡A donde va a ser pues, eh? No te hagas el cojudo.

- ¡Un momento! No está tratando con un criminal...

- Ja, ja, ja, total dentro de la jaula todos son pájaros igualitos, ya verás...

- Bueno, ¡Vamos!

- ¿Tienes para la carrera?

- No, repuse.

- ¡Yo tengo! replica una voz desencuadernada pero atenta. Me llamo Javier, Javier Ríos.

Un joven de más o menos 21 años de edad, a quien según él, le imputaban el delito contra el honor sexual, otros prefieren decir "por pedir la prueba de amor". Estaba acompañado de un señor de regular edad, su padre. Las cinco personas, si así se les podía llamar a todos, nos dirigimos hacia los pisos bajos del PALACIO DE JUSTICIA y de allí a la puerta principal, abriéndonos camino entre un mar de gente que asiste allí a "ventilar" sus asuntos.

Todo el bullicio opacaba los últimos pensamientos que se me agolpaban a la cabeza, la causa de ir pa' dentro ¡Maldita sea! ¡En qué endiablada hora confié en aquella gente, ponzoñosa? ¡Lagartijas!

Nos embarcamos en un destartalado complejo de latas viejas, con sus respectivos caballos de fuerza, en el cual recorrimos la obligada ruta hacia la nueva casa, a “Siglo XX”. Las calles despedían un olor parecido a castidad, tenían el olor característico a libertad, de la cual nos estaban privando en esos momentos.

Acabábamos de abandonar la "tremenda corte", con su respectivo " tremendo juez”.

- Oye Javier, primera vez que vas a la "grande", ¿verdad?

- Si, ¿por qué?

- Bueno, yo también, espero seamos buenos amigos, y nos ayudemos mutuamente, ¿te parece?

- No hay problema, ¡espero tengamos suerte, eh?

- Juntos nos la arreglaremos... así todo nos irá mejor, eso espero…

El taxi seguía rodando por las calles y al llegar a un parque cercano al penal, en un terreno que se hallaba descampado, posteriormente sería el Palacio de Justicia, flamante templo de "Justicia inn", estaba levantando carpas un circo. Todo era música, algarabía, previendo seguramente la cantidad de público que asistiría al espectáculo de apertura y al resto de la temporada circense. Todo era luz, música, paradójico y brutal contraste, debido a la cercanía de un lugar de remordimiento para unos y tristeza para otros.

La fachada del penal, a esa hora parecía una inmensa mole de piedra, que extendía sus lúgubres brazos hacia nosotros, con “malévolo cariño", a darnos la bienvenida hacia sus entrañas hasta ahora desconocidas por nosotros. Me daban deseos de huir, si, huir...

- ¡Cuidado con escapar al bajar del carro , eh?

- ???

- Ah, por si acaso lo hacen, ¡Por Dios les mando un par de cuetes! - agrego el otro “tombo”

- Los dejare bien fríos y por largo rato. ¡Lo garantizo!

- Nadie piensa escapar, repuso Javier calmadamente, ¡Nadie!

Yo, en verdad seguí alentando esos deseos y reaccioné...

Al bajar del latoso taxi oí

¡Adiós...! ¡Adiós calle!

No sé si lo dijo Javier o yo, y digo no sé porque en ese momento dejaba el exterior, ya estábamos ingresando. Ahora me transformaría en un animal que defendería su vida y su integridad.

Nos hicieron pasar hacia la oficina del Oficial de Guardia, en donde nuevamente nos tomaron los mismos datos de la oficina anterior, lo que se le ocurría al oficial con los respectivos comentarios burlones. Lo primero lo hacían con la finalidad de cerciorarse que los datos coincidan con los de la Orden de Reclusión y lo segundo, porque ya tienen la mala costumbre de hacer escarnio en estas oficinas, de quienes venían por primera vez,  eso no lo hacían con los que eran frecuentes visitantes desde luego no era por respeto, más por miedo a las consecuencias….

Recuerdo una vez que tuve que ir al Médico Legista por un Certificado de lesiones, me observaron un par de jovencitos que eran practicantes de medicina, porque recién a las doce del día que llegaba el médico legista, procedería a firmar las relaciones de observaciones, a simple vista, a ojo de buen cubero, previo comentario burlesco de lo que allí estaba escrito, con el correspondiente ingenio para el escarnio de quien solicitaba el mencionado certificado y si uno reclamaba o trataba de ponerlos en el sitio que les corresponde, pues salía perdiendo, de diversas maneras, mas aun si uno es varón. Así por el estilo son esas oficinas públicas, ¡Ud., qué dice al respecto?

Bien, revisaron los nombres de las órdenes de reclusión, ya que podría haber un error.

Ah, la cabeza de los escribanos... (Ahora les llaman Secretarios) parecen una especie de guías telefónicas, lógico, tanta gente que va a juicios.

Esa calle San Francisco de Arequipa, parece la entrada a un circo u otro espectáculo multitudinario, por la calidad y cantidad de gente que allí se congrega, de lo bueno y de lo malo y subrayo de lo malo, ya que ellos son siempre los que tienen la razón, los que generalmente ganan, con coimas y favores, generosas recompensas y otras sensuales generosidades,  cosas que Uds. me entienden...

De allí, luego de descargarnos de nuestros datos, nos pasaron a una sala que tenía el letrero SALA DE JUECES, donde pudimos encontrar la cómoda presencia de una amplia mesa (parecía una cama de dos plazas) y una larga banca de madera, (semejante a un catre de campaña).

Acerque el "catre" a la "cuja" me senté en el primero y coloqué la cuja como mesa (había que hacerse ilusiones de que existían comodidades, después nos darían lo necesario, así lo creía, así lo había visto en las películas.

- ¡A ver ese Ríos, tiene visita!, vocifero alguien desde el pasillo.

Dando traspiés en la oscuridad reinante en la sala, salió Javier, no había luz y regresó a los quince minutos, cargado de cosas.

- ¿Eh Aldo, deseas comer algo? Cigarros y esta frazada, te harán falta, aquí no te dan ni “michi” y luego no hay chancee para salir, así que ¡acomódate!, agregó:

- Ya déjate de estar hecho un cojudo, ¡ya, ya!

La visita que llegó a Javier era su padre que le trajo comida y lo más o menos necesario para pasar una "buena noche".

Comimos con “cubiertos de nacimiento”, ya que los de uso normal no eran permitidos, seguramente para prevenir cualquier tontería que pudiera cometer un recluso, como herirse o algo por el estilo, que pudiera cometer una persona desesperada, además la comida fue vaciada en papel.

Comimos y de sobremesa, charla y unos magníficos cigarros negritos, que tenían todavía el olor a calle, recién compraditos.

Con el pitillo en los labios, saboreando su embriagante aroma envuelto, recorrí la más o menos amplia sala, ya acostumbrado a la oscuridad. A través de una ventana con barra de metal, entre los espacios dejados por los vidrios rotos que algún día seguramente estaban intactos, pude divisar en el exterior un campo de fútbol, me imaginé seria más o menos adecuado, de noche todo era negro, además la luna estaba oculta tras unos nubarrones, seguramente avergonzada de ver tanta injusticia, todo era negro...

A través de un resquicio en la puerta, ingresaba un rayito de luz y a través del mismo orificio, atisbé y descubrí que en el pasillo estaba estacionado un gran camión de juguete, hecho de madera, una de las tantas especialidades de los presos, pero este era gigantesco en comparación de los que había visto anteriormente. En la canastilla del camioncito noté un letrero que decía RIFA, de manera que deduje que estaba destinado al sorteo que se llevaría a cabo el próximo “Día del Preso”.

Ataqué nuevamente la comida que dejé y engullí presuroso unos panecillos muy sabrosos que le trajeron a Javier, eran de manteca, ¡riquísimos!

A todo esto ya habían transcurrido alrededor de dos horas, a partir del momento que ingresamos a “la grande”. Seria aproximadamente las nueve de la noche, calculé, ya que mi reloj lo dejé donde el abogado, además de mis documentos y algún dinero que no creí necesario, ¡gran error!. Se escuchaban silbatos, imaginé que serían los guardianes de ronda, me recordaban cuando estuve en el ejército y al estar de ronda tenía que, a determinados momentos, tocar mi silbato, a fin de dar a conocer que no había novedad. Una cortina musical envolvía el ambiente, provendría de algún radio receptor. Del sueño ni hablar, no llegaba, después lo haría inadvertidamente, me abrigué con una de las frazadas de Javier, me la puse a manera de abrigo y luego de fumar un pitillo traté de coger el sueño, meditando acerca de lo que había sucedido a lo largo del día, después de todo, ya estaba en la ratonera.

Ahora sentiría en carne propia lo que siente un presidiario, porque ya era uno de ellos, aunque tenía la esperanza de salir por la mañana, quizá por  algún arreglo que pudieran haber efectuado en la calle mi abogado y la otra parte... ¡Ah, la otra parte!

Al sentir algún ruido me sobresaltaba, me ponía de pie y nuevamente escuchaba a través de los resquicios de la puerta, eran las voces de los guardianes, que se distraían oyendo música de alguna radio, de emisoras que por el momento no me preocupaba por identificar, total igual daba escuchar música de la una o la otra. Allí no podría satisfacer mis gustos musicales o programáticos. Extrañaba “Radio Universidad”, eso sí que era programación, en fin...

Nuevamente me sentaba en la banca y me apoyaba en la mesa, protegido por mi grueso abrigo y seguía meditando, ahora pensaba sobre lo que sucedería al día siguiente, qué sorpresas me tenía preparada la vida...

Mi compañero se retorcía como ofidio en la blanda cama, digo la dura mesa, pensando sabe Dios qué; quizá durmiendo o tal vez también pensando en lo que el futuro le deparaba.

Me dormía o que se yo, me levantaba nuevamente, daba unas vueltas por la celda, ocasional dormitorio, para luego regresar a la banca…

Así transcurrieron las horas de la noche, con la desesperación que viniera el amanecer, para ya no sentir frío, para conocer mejor aquello, para enfrentar las sorpresas, y tal vez la libertad de ver mejor la canchita de fútbol, conocer las entrañas de esta bestia llamada "cana".

Y llegó la mañana...  

 

 

SORPRESAS.


- ¡A ver, esos dos nuevos!

Se acercó un guardia a la puerta, la misma que abrió indicándonos que le siguiéramos.

- ¡Vengan acá! nos indicó al mismo tiempo que nos oriento hacia una oficina que se encontraba cerca a la puerta del penal. En esa oficina estuvimos esperando cerca de una hora, donde luego nos atenderían, mientras tanto...

En un extremo de la oficina, de pie, se encontraban un par de tipos mal encarados, sinceramente uno de ellos daba terror.

- ¡Aja Troyo, ¿qué hace aquí ?

- No sé Señor, no hice nada malo, no sé, ¡verdaciiiiito!

- ¡No! protestó el más feo de los dos

- ¡Él me ha robado una talega de zapatos nuevos y herramientas! Agregó a la vez que miraba vagamente a los contornos de la sala, como esperando encontrar una salida para su problema, esta sala servía de recibidor o antesala a la Dirección del penal;

- Tiene, agregó, la costumbre de robar a los que por casualidad descuidamos nuestras cosas, raterito de miércoles...

- ¡Falso, mentira!, simplemente escuché que estaba ofreciendo rescate de veinte soles a quien diera razón del paradero de su talega y yo pensaba ayudar a recuperarla, no lo he robado, por diosito señor, yo no he sido, y más bajo agregó refunfuñando: tampoco sé quien lo ha robado.

- ¡Troyo, Troyo! Nos dices donde está la talega o de lo contrario te mandamos al hueco, así que anda cantando...

- Pero Señor, no sé de lo que me acusa, yo no he robado nunca.

- ¡Ya, ya! No te hagas el cojudo. ¿Por qué estás aquí, eh? ¿Por qué?, ¿por cantar misas?? ja, ja, ja

- Te conocemos Troyo y tienes que decirnos donde has escondido la talega o a quién se la has dado, ¿eh?

Mientras tanto nosotros...

- ¡Vengan acá, sus nombres! etc., etc., etc.,

Nuevamente nos solicitaron nuestros datos, inclusive nuestro credo religioso, a poco nos preguntan ¿para cuándo deseamos salir?

Y seguía el interrogatorio a los dos internos, de parte del empleado de la oficina y el encargado de vigilarlos, el que tenía las llaves de acceso al patio y también a la "rotonda", punto clave, donde los presos recibían a sus visitas los días señalados para ello y realizaban la venta (como una especie de feria) y exposición de los artículos por ellos fabricados con diferentes materiales como madera, cuero o tela indistintamente.

La rotonda estaba situada entre los dos pabellones de celdas existentes, pasaje obligado de los patios a las celdas, tanto por la mañana al salir los internos hacia el patio, como por la tarde al regresar a sus respectivos domicilios para descansar, si así se puede llamar a lo que se realiza allí por las noches.

Volviendo a lo anterior. El diálogo se tornaba cada vez más acalorado, mientras nosotros seguíamos con cierta atención a la serie de preguntas que se nos hacía.

Llegó el Alcaide de la prisión y este se aunó al interrogatorio y decididamente dicen:

- ¡Troyo, al hueco! y esto que te sirva de escarmiento hasta que hables. Más bajo agregó: - A este cojudo le da igual...

El "hueco" es una celda que se encuentra bajo uno de los torreones, hueco maloliente, frío y pelado, solo tierra y excrementos, las jaulas de los zoológicos son mejores. El "muerto" González el damnificado decía:

- Te voy a hacer juicio por esto, mis cosas tienen que aparecer. Lo cierto es que jamás aparecieron.

El Alcaide masculló alguna frases ininteligibles para nosotros, posteriormente ingresaría a su oficina, que previamente había sido barrida y limpiada por un cholito que ahora se encontraba haciendo lo mismo en la antesala, que como repito servía como sala de registro, de administración y recibidor hacia la Dirección.

En otro extremo de la habitación, de cuclillas ante un estante, un muchacho pelaba una piña, seguramente para hacer jugos para los guardias y empleados. Observé también un amplificador de voz con su respectivo micrófono, probablemente pare perifonear avisos en el penal, aunque posteriormente noté que no tenía utilidad alguna, nunca lo escuché funcionar, igualmente diseminados por la sala existían desvencijados muebles, antiguos papeles a diestra y siniestra así como libretas y libros propios de burocráticos manejos. El piso y las paredes eran de concreto, se apreciaba en el ambiente una sensación de humedad, parecía que nos encontrábamos en un sótano, hacía frío y quería que se terminara todo esto, para ir a asolearme en los patios del penal, afuera ya brillaba el sol.

Nos hicieron una especie de papeleta de ingreso, después me enteré que los Guardias Republicanos solo cumplían una función de custodia, los que realmente administraban el penal eran empleados civiles, por ello es que la noche anterior nos tuvieron en la Sala de Jueces, la cual sirve seguramente para administrar justicia a los presos peligrosos, los cuales se teme fuguen al salir a los Juzgados.

Llamaron al vigilante, un empleado con ropa descolorida, tenía en su diestra una vara semejante a las que usa la Policía de Asalto, tenia apariencia de buena gente, pero en realidad su carácter era de los diablos, pero en el fondo era benevolente. Su trabajo lo justificaba.

Este vigilante dirigiéndose al "Troyo" dijo:

- ¡Ea, despabílate, vamos al hueco!

- Regreso pronto para llevarme a estos dos.

Nos quedamos observando lo que ocurría, cosas sin importancia.

Hasta que el guarda regresó al cuarto de hora, mientras nosotros seguíamos estúpidamente parados.

- ¡Ya llévalos, tienen diez días de provisional! Si sus abogados no arreglan en ese tiempo, estos se joden, por ahora van a Inculpados.

- ¡Ok, vamos pa'dentro! ordenó, tratando de parecer amable y educado.

Salimos de la oficina, regresamos por el pasadizo ya conocido por nosotros, pasamos por delante de la Sala de Jueces y recogimos las cosas de Javier, volvimos a toparnos con el camioncito.

Llegamos a la rotonda, alrededor habían muchas rejas ansiosamente esperando por nosotros, traspusimos la de mano izquierda y nos encontramos en un pequeño patio, donde al abrirse otra reja nos facilitó el ingreso a una especie de galerías situadas a diestra y siniestra. Eran los pabellones de celdas, un sinfín de puertas embarrotadas, unas tapadas otras desnudas, daba la impresión de encontrarse ante una serie de jaulas de animales, de cuevas enlatadas, eran nuestros futuros "dormitorios".

El vigilante, al ingresar al pabellón de celdas nos entregó a un " caporal ", era Rodríguez, el caporal general, con quien ingresamos a uno de los bloques de celdas, al que estaba a nuestra derecha y subimos hasta el tercer piso, siempre tras él y luego de pasar por delante de diez celdas, todas igualitas, frías e inhóspitas, realmente me asusté con la idea de tener que dormir allí, suelo pelado, ventanas al aire, todo concreto.

Abrió una, la de él y en su interior observamos dos catres con sus respectivos colchones y ropa de cama, lo cual me dio la impresión de ingresar a un hotelito de mala muerte, pero a comparación de otras celdas que vi después, esta estaba "flor"

- ¡Cómo te llamas chiquillo? interrogo a Javier

- Javier, Javier Ríos

- ¿Y tú?, dirigiéndose a mí.

Aldo Márquez y Ud?.

- Me apellido Rodríguez y soy el Caporal general de este pabellón, el mismo que Uds. habitaran un largo tiempo, a no ser que sus abogados los saquen antes de diez días.

- Bueno... dejen sus cosas y lo que tengan de valor, afuera peligran ¡Y tú! dirigiéndose a mi

- Deja tu casaca, afuera no la necesitas, pues hace bastante calor.

- ¡Bah, no tenemos nada de valor, estamos pelados!

Al momento que Javier guardaba las cosas, una hoja de colchón, las dos frazadas y nuestras casacas, observé hacia los pisos bajos y noté que existían alrededor de 120 celdas, todas igualitas.

- No se preocupen, de aquí no se va a perder nada, decía al mismo tiempo que salía de su celda con nosotros por delante, di vuelta y observé las camas y otras cosas, trastos, los cuales no pude precisar a la perfección, ollitas, revistas, ropa, etc., etc.

Sentí que mi alerta mente se nublaba, por la presencia en el ambiente de unos olores penetrantes, ácido úrico, característica pestilencia de los baños descuidados, pero estos olores eran mucho más agresivos, no tenían punto de origen, todo apestaba a tal cosa, todo el ambiente era una traducción de frío y humedad, lo cual a su vez que incomodaba, hacía sentir los estragos de la mala noche, del bancazo de la noche anterior.

Al cerrar la puerta de su celda, el caporal (que era un presidiario más, y que debido a su edad, cultura o antigüedad en el penal o por su comportamiento, se hacía acreedor a tal cargo) nos dijo:

- Si alguien les cobra por limpieza recuerden que deben decir " ya pagamos ", ya que el único que cobra ese derecho soy yo, después ya arreglamos, eh? En las mañanas deben levantarse a formar una especie de cuadrilla para realizar limpieza del piso y exterior de las celdas y los pasadizos.

Conforme bajábamos al primer piso agregó:

- Tengan cuidado, no les vayan a buscar bronca, ya que de ello aprovechan los “cogoteros” para cometer sus fechorías.

- Vaya, vaya,  ¡ Aquí también ?  ¡Pucha qué bravo!

Traspusimos la reja del pabellón de celdas, llegamos a la rotonda, recién me di cuenta que al costado de la misma había una especie de oratorio y en un altar un Señor crucificado, una ceras ardían y soltaban un denso humo, que a lo largo del tiempo han ennegrecido la imagen, dándole un mayor toque de sufrimiento.

Luego a una voz del " capo ", se acerco el empleado del penal, el vigilante del portón, el mismo que abrió la reja que ahora nos daría acceso a los talleres y patios del penal. Nosotros seguimos tras él, observando todo aquello que nos era nuevo. Escuchábamos los golpes de hierros, el característico golpeteo de los zapateros, el serruchar de maderas y muchos otros sonidos característicos de talleres, aunque estos se presentaban aislados, pobres, lo cual indicaba los pocos talleres existentes en el penal. Cruzamos la puerta que nos daba pleno acceso al patio, ahora a nuestra izquierda quedaban las celdas y a la derecha un local, una especie de comedor al aire libre, tanto las mesas como las bancas construidas de concreto, frío, triste, concurrido por alados y asquerosos bichos.

Pasamos por delante de esta ruina de comedor y a nuestra izquierda observamos unas piletas y en ellas había manojos de cañas en tiras finas, totalmente hundidas en el agua empozada, con el fin de ablandar el material para construir canastas.

- Les aconsejo que se sitúen al fondo, donde se ve bastante caña y hay sol.  ¡Cuidado con las broncas! Recién a partir de ese momento entramos de lleno al ambiente penal, me puse a observar todo lo que encontraba a mi paso.  ¡Qué otra cosa quedaba?

- Oye Javier, procuremos no separarnos, ¿eh?

Realmente nos encontrábamos asustados, lógico, toda vez que con las "recomendaciones" que nos había dado el caporal Rodríguez, nos imbuimos de ciertos antecedentes de lo que nos podría ocurrir. Nos dirigimos al fondo, nos situamos en una parte asoleada a observar el "panorama" y...

Ahora nos separaba de la amada y extrañada calle, una enorme pared de sillar que nos privaba de la añorada libertad.

Se escuchaban los rugidos de los motores de los "rocas", sonidos fuertes de cláxones, silbidos, ladridos de los mejores amigos del hombre, los canes, sentí unos ladridos más cercanos y más cercanos, a la vez que...

- Oye caco ¡ Cacooooooo ! Ven pa'ca perro de m... ¡No conoces la voz de tu amo?

Me di vuelta y me encontré frente a frente con el que pronunció las palabras que anteriormente llegaron a mis oídos y al mirarlo dijo:

- ¿Qué m... quieren Uds., acaso los llamé?

Optamos por apartarnos de aquel sitio, no por cobardía, sino por prudencia.

- ¿Aprovechamos para observar mejor el campo de fútbol? Dije a mi amigo…

- Bueno me responde Javier y caminamos hacia dicho campo y lo primero que notamos es la enorme extensión de tierra toda pedregosa, dos vetustos arcos y alrededor del más cercano, donde el cálido sol de la mañana acariciaba amorosamente la superficie, regados en el suelo alrededor de cincuenta internos, todos ellos tirados como perros, con la actitud pasiva de un veraneante, ya que no existían ni piedras para sentarse. Instintivamente nos alejamos  de allí, para no observar tal espectáculo tan deprimente.

- Ey Javier, vamos hacia allá ¡dije señalando una barda de regular tamaño, en donde también daba sol.

- Bueno, pero tengamos calma.

- No te preocupes.

 

 

 

EL FLECHA


Ya en la barda nos situamos ante ella, era una pared divisoria de unos compartimientos sin techos los mismos que servían de baños, rústicos servicios higiénicos, de los cuales emanaba un fuerte olor a excrementos y demás detritos, de ellos entraban y salían por uno y otro lado los pobladores de aquella pocilga que servía de penitenciaría, obligados a realizar sus necesidades corporales en esos remedos de baños.

Era el único sitio disponible a la redonda para recibir una ración solar, ya que el resto del patio estaba ocupado por una serie de tipos mal encarados y con sus respectivas mal intenciones; nos sentamos en el suelo, igual que los demás, total no había cuidado de mantener limpio y planchado mi pantalón, nos acompañaban unos cientos de moscas, tan bravas y fregadas como los habitantes de aquello.

Conversábamos, totalmente despreocupados del tiempo y en qué emplearlo, acerca de lo que después sucedería con nosotros, de si nos darían cama, comida o qué se yo, si tendríamos oportunidad de trabajar, etc., etc., etc.

- ¿Javier te traerán almuerzo?

- ¡Ojalá!

- Si, porque no tendrás animo de comer la basura que nos darán acá, según me he enterado son las sobras del comedor del empleado, lo que es yo, tendré que comerlo, quien me va a traer de comer, nadie se acordará, además, nadie sabe que estoy encerrado aparte de mi abogado, y él de dónde va a traerme comida, se imaginará que aquí la pasaré bien, total él no tiene la culpa, todo el mundo cree que aquí la cosa anda bien, o no es así.

Para esto ya nos informaron que nos darían comida, la misma que tendría que agradarnos, de lo contrario nos aguantaremos el hambre, pero… ¿hasta cuándo?

Seguimos conversando un buen rato, entre ladridos, cláxones, olores a m...y la polvareda ocasionada por los obligados transeúntes hacia los baños.

- ¡Eh tu! ¿Eres nuevo? Era la pregunta de cuánto interno pasaba por nuestro lado.

Nos dirigía la palabra un tipo con la cara pintada con un sudor negro.

- A ti te conozco, ¿eres de Miraflores, no? preguntó dirigiéndose a Javier.

-Si soy de allá, pero ahora vivo en Selva Alegre ¿y tú?

- Yo soy de Miraflores, ¿por qué los han traído ah?

- Bueno a mi me encanaron por "confiado", ese Sancho, confié en la justicia pero, ¡bah!, y a Javier por honor sexual.

- ¿Y a ti por qué eh, algo grave?

- No por... (Por señas indicó que era por robo).

- A la m..., eso es una cojudes, es tan común ahora, todo el mundo roba, los chicos están adentro y los grandes están gozando de la vida.

- ¿Juegan fútbol?, ¡seguro que si, ah?

- ¡Sí!, contestó Javier, iluminando su rostro una sonrisa de esperanza.

- ¿Y tú?

- Un poco, respondí a secas.

- Yo me llamo Raúl Tevez ¿y Uds.?

- Javier, y él Aldo Márquez, es mi amigo, ¿tu chapa?

- Me dicen "Flecha", porque cuando juego fútbol soy una bala y también para otras cosas, ja, ja, ja,...soy caporal de la primera planta de celdas. ¡Ah!, al respecto, los he visto conversar con Rodríguez, es el caporal general, seguro ya les asigno su hueco, donde van a dormir, aclaró.

- Todavía no, dijo que ya nos arreglará.

- No se preocupen yo les ayudaré, en la primera planta hay un viejo que vive solo en una celda, ¿tienen cama?

- Yo no, respondí, pero Javier tiene algunas cositas, si estamos juntos nos arreglaremos, sino, ya esta jodido, no tengo ni para taparme la cabeza, en fin...

- ¡Bah!, no te preocupes, me interrumpió Javier, tu sabes que hemos prometido ayudarnos y estaremos juntos hasta donde nos permita esta cárcel de m...


- Bueno, ya veremos, me buscan, preguntan por el "Flecha" ¿ya?

-Ya viejo, ya te buscamos, chau, “nos vidrios”.

Flecha se alejaba y nosotros, lo observamos, a ver si conversaba con otros, lo cual nos daría que pensar un poco, se debía desconfiar de todo el mundo y el hecho de habérsenos acercado este gallo, no nos daba la plena certeza de que sería una excepción dentro de aquella pocilga llena de parias y porquería, salvo raras excepciones y muy contaditas por cierto.

- ¿Crees que debamos confiar en él?, pregunté.

- Lo observaremos a lo largo del día.

Nos dirigimos un poco mas ambientados hacia el extremo opuesto al de la puerta de calle, o sea hacia el muro exterior de la cárcel, pasamos por el lado de los canasteros (individuos dedicados a fabricar canastas de caña), los cuales con herramientas tales como una larga cuchilla de acero, semejante a las que usan los zapateros, trataban de diversa manera la materia prima, caña brava, la cual luego de pelarla la preparaban en manojos de tiras que eran las que encontramos en las pilas remojando al ingresar al patio, ablandadas estas tiras, con ellas tejían diestramente canastas y canastones, como también "Moisés" que muchas veces habrá utilizado alguna madre de familia para acomodar a su hijo recién nacido, los usan a manera de cuna. Las cuchillas eran llamadas "vainas" dentro de la jerga del hampa, y su presencia dentro del penal se justificaba con este trabajo, como también en los talleres de zapatería, aunque algunos presidiarios sin trabajar en taller alguno, poseían estos elementos para el crimen y es así que un buen numero que observamos tenia dicha "herramienta de trabajo" en sus manos y jugueteaba libremente con ella.

Conforme íbamos llegando al fondo observamos a nuestra mano derecha, al lado opuesto a los canasteros, otro muro de concreto, que separaba el patio de las letrinas.

A estas letrinas entraban y salían tanto presidiarios como una columna de moscas detrás y delante de ellos, a manera de escolta.

Llegamos casi al fondo, observamos unas mesas y bancos de concretos, en las mismas que se encontraban algunos jugando a cartas, otros estaban haciendo el recuento del “ganado” que habitaba en sus deplorables prendas de vestir, unos discutían, vociferaban y reían, seguramente por los efectos de la euforia del juego o de qué, otros jugaban calladamente. Casi todos tenían por vestimenta ropas que ya perdieron la apariencia que les pertenecía de fábrica, habían chompas verdes descoloridas, con parches morados o de alguna otra tela con el color ya ido, pantalones kakis con sus respectivos parches azules o de otro color, con el largo que muchas veces llegaba cerca a las rodillas, seguramente de allí habrían salido las telas para los parches cuando no existía otra tela para hacerlo. Observamos que del resto de gente, casi la mayoría, se dedicaba a trabajar con caña brava, unos la pelaban, otros la rajaban hasta convertirla en finas tiras, las cuales tenían que estar aptas para proceder al tejido de las canastas o canastones, que posteriormente serían puestas a la venta en algún establecimiento de la calle, ya que semanalmente se apersonaban a la cárcel algunos propietarios de tiendas para comprar a precios irrisorios estas canastas, eran muy pocos los que entregaban a sus familiares, para que estos pudieran venderlas y obtener el ingreso de la ganancia para sus casas y familia.



En la zona de los canasteros existían una especie de covachas o al menos así las llamaban, en donde se cobijaban los que se habían tomado el trabajo de construirlas, para protegerse de los efectos del fuerte sol del día, seguramente en los días de lluvia trabajaban bajo aquellos provisionales techos, estas covachitas eran construidas con caña, material de construcción a la mano, el techo con hojas secas de la misma, que servía también como paja para eventuales colchones (privilegio de algunos). En estas covachitas trabajaban algunos canasteros, también observé a uno que trabajaba en cuero, haciendo cubiletes para jugar "cachito", los dados no se fabricaban, es decir los originales, mas si existían de miga de pan o algunos que los habían hecho de hueso, había que tener ingenio para poseer algunos de ellos, estaba prohibido.

Mas o menos al centro del patio, estaban localizadas unas habitaciones de concreto, en ellas estaban instalados los camioneros, talleres que se dedicaban a la construcción de camioncitos de juguete de variados colores, payasos saltarines o volantineros, que se manejaban con dos palitos a manera de columpio o cualquier otro juguetito que se pudiera hacer con la escasa herramienta de que disponían.

En la esquina posterior a la izquierda del penal, en uno de los cuatro torreones existentes en el penal, en su parte baja, en el "hueco", con una puerta de barrotes de hierro, en su interior, había un hombre todo vestido de beige, (algún uniforme viejo de un guardia republicano) que pelaba caña al igual que los otros que se encontraban ayudando a sus amigos por miserables propinas. Posteriormente me enteré que era un orate, un loco o seguramente uno que se hacia el loco, pensando que lo iban a liberar, mas estaba equivocado, si es que así era, ya que así se encontraba más fregado, cuando se encontraba más o menos cuerdo, se le daba caña para cortar ya que era peligroso acercarse a él cuando se encontraba con la luna, nosotros nunca nos acercamos a él, por ello es que no lo puedo describir muy bien, según unos dicen que lo sacaban una dos o tres veces por semana a asolearse, yo sinceramente lo dudo, ya que nunca lo vi fuera, de allí que esté enfermo de T.B.C., como lo están otros internos, que tienen pocas probabilidades de gozar del saludable sol.

Serian aproximadamente la diez de la mañana, cuando de pronto vimos formar por delante de la fila de los primeros baños, unos tipos vestidos con ropas deportivas, camisetas de diferentes colores, calzoncillos de fútbol y zapatos para practicar tal deporte, que se dirigían a la cancha mencionada anteriormente y que ya habíamos visitado, con uniforme deportivo apareció también "Flecha" y ...

- ¡Vamos, vamos a ver!, va a realizarse un partido de fútbol entre dos equipos del "colegio". Ja, ja, ja.

- ¡Bueno! contestamos al unísono.

Nos dirigimos al campo de fútbol y nos situamos de tal manera que a nuestro frente quedaba la pared del penal que sirve de fachada, a nuestra izquierda las paredes de las celdas de dirección y jueces que colindaban una con otra y continuaba formando el cuadrado con las paredes de las celdas de las cuales se apreciaban sus ventanillas embarrotadas, la cancha se comunicaba con el patio de trabajo y estadía, por medio de un callejón formado por una de las paredes angostas del edificio de celdas y la pared del penal que daba a nuestra derecha, en cuyo exterior estaba resonando la música y los gritos, risas, aplausos y demás muestras de alegría propias de un circo.

Ya los jugadores se aprestaban a iniciar el partido y los "coleros" y "sangucheros" también se aprestaban con su respectiva mercadería, para ponerlo a la venta en el estadio de esta ocasión.

Nadie quería tener el honor de ser el árbitro, ya que a las finales el único perdedor sería él...

- ¡Eh tú,  "Gitano"! ¿Quieres arbitrar el partido?

- ¿Estás cojudo, quieres que me masacren?

- Ven... nos vamos a portar bien, prometido, ¿ya?

- No, eso de árbitro para los babosos, tendré la cara, pero no lo soy, ¡ya...!

- Ven "Gitano" patadas y cabezazos a la pelota, nada mas va a suceder...

- Bueno, después de todo no tengo nada que hacer y si hay bronca no me caería mal, ya que estoy amargo, ¡Dame el pito y rómpanse el culo a patadas!

- Bah, eso diles a los maricones de los arqueros. Esto lo decían ya que generalmente eran ellos los colocados en los arcos, ya que nadie más se ofrecía para ocupar tal puesto de juego...

- Advierto, al primer asomo de bronca tiro el pito.

- ¡Eres un maricón y tienes miedo!

Nos preparamos nosotros también a ser espectadores del partido, que por los preparativos más parecía una batalla, un ring de lucha libre colectiva y no de balompié.

Mientras el árbitro se dirigía al centro de la cancha, alguien vociferó por allí:

-         ¡Ea desgraciados, el partido tiene que terminar!, he apostado, sino les sacaré la m… a todos, uno por uno… lo prometo… Estos se bronquean a los quince minutos, nunca lo terminan, refunfuñaba…

 

Decía esto, ya que por lo general, los partidos de futbol realizados en el penal, terminaban en broncas colectivas,  con el herido principal que era el árbitro.

 

Patadas aquí, cabezazos allá, interjecciones, se escuchaban por doquier: lamentos, gritos desorejados de los maricas, protestas de los peloteados espectadores, que eran alcanzados por alguna pelota malintencionadamente dirigida, y el partido seguía adelante, de pronto escuchamos un fuerte pitazo y pensamos que era otro partido de futbol en el pabellón de “sentenciados”, al cual no teníamos acceso, a no ser con un permiso del vigilante, pero “Flecha” nos explicó que era la señal para “pasar paila” o almorzar.

 

Nos dirigimos hacia el extremo opuesto del torreón del loco, cruzando por delante de los canasteros, mientras el encarnizado partido de futbol continuaba. Cruzamos por delante de las ahora desoladas mesas de jugadores y nos topamos con una serpenteante y larga “cola” de comensales, que remataba en una gran ventana, que durante toda la mañana estuvo cerrada. Por delante de ella pasaban en formación, semejante a la de los comedores populares, los presidiarios portando en sus manos una enorme variedad de recipientes, desde cacerolas, viandas, latas, antiguos envases de leche o conservas, incluso observé a uno que recibía su comida en un papel, solo un guiso, acaso en la mano, con el fin de llenar su rugiente y hambriento estómago.

Nosotros pensamos que nos darían cacerolas o algo parecido, como lo hacen en los cuarteles o comedores populares, más no fue así. “Flecha” nos indicó que estemos pendientes a que alguien termine de almorzar, para que nos preste sus “platos”, así fue, de suerte se nos acerca Rodríguez y…

 

-         ¿Ya almorzaron?

-         No, todavía no, aun no lo hicimos

-         Les prestaré mis cacharros, como son dos, uno para cada uno, coman lo que puedan, peor es nada. Después me los devuelven…

Así fue, nos alcanzó dos recipientes de hojalata o aluminio ya desvencijados y abollados, un jarro del mismo material y unas cucharas latosas, luego de haber tomado sus alimentos en forma rápida. Nos admiró su deseo de ayudarnos, lo hizo con solicitud.

Apresuradamente nos dirigimos a la “cola”, con cierta reserva nos situamos entre ellos, otros hacían lo propio detrás de nosotros y nos miraban con desparpajo, como diciendo: ¿Uds. también comen?

Se nos acercó un zambito, nos ofreció ensalada, una mezcla de cebolla, tomate y lechugas, todo un revoltijo. Lo habían hecho aumentando un poco de lo rescatable de las sobras que recogían de los basureros y que posteriormente lo lavaban, nosotros ya lo sabíamos, de modo que lo rechazamos.

Se acercó otro, ofreciendo hígado  o carnes fritas, otros con pan y así por el estilo, productos de aspecto repugnante que otros lo compraban y lo engullían amorosamente.

Conforme avanzaba la “cola”, observamos a otros que comían velozmente, con la intención de “dobletear”, o sea formar de nuevo en la “Cola” y recibir nuevas raciones, claro, si tenían suerte… porque los repartidores estaban bien “moscas”

Cuando llegamos a la ventana y pusimos nuestras cacerolas en el mostrador a la espera de nuestras raciones, observamos que nos dieron un poco de arroz y unas cuantas cebollas fritas, a la vez que comentaban:

¡Son nuevos! , no tienen ración todavía, así que llénense con eso, ¡peor es nada!

Comimos eso entre el hambre y el desgano, lo que nos habían servido apenas mitigaría el hambre, observamos que a otros les habían dados huevos fritos, plátano, pan, una especie de sopa que casi todos la echaban a los recipientes de los desperdicios, pocos la ingerían, pero habían quienes se abalanzaban a esos latones y la recogían, uffffff.

Al preguntar por qué nos daban esa minúscula porción de comida, nos explicaron que aún no teníamos derecho a una ración y que posiblemente a la tarde, la hora de comida, nos la darían ya completa.

Luego de almorzar, si a eso se podía llamar almuerzo, lavamos los recipientes y los devolvimos a Rodríguez, a la vez que le agradecimos.

-         No se preocupen, pero vayan agenciándose sus “cacharros” si es que quieren comer, todos lo hacen aquí.

-         Ya lo pensamos, gracias.

-         Mientras tanto les prestaré esto, me buscan y les daré mis “cacharros”, nombre con el cual eran conocidos los recipientes para recibir las raciones.

Me parecía un nombre muy bien adjudicado a tales elementos. Luego de esto nos dispusimos a buscar nuevamente el calor del sol, ya que durante buen rato nos alejamos de sus rayos y nos sentíamos friolentos nuevamente. Serían aproximadamente las 13.00 horas y el fuerte sol se hacía sentir en algunos sectores del penal.

-         Oye Javier, ¿por qué no te habrán traído almuerzo?

-         No sé, repuso mi amigo, me imagino que se habrán enterado que aquí nos dan de comer… eso supongo eh!!!

Luego nos enteramos que estaba terminantemente prohibido el ingreso de comidas para los presidiarios, no obstante vimos que algunos recibían comidas del exterior, de sus amigos, familiares o pensiones, gente “envaradita” seguramente , ¡qué se yo…!

Así transcurrió un buen rato, conversando nuevamente sobre nuestros problemas. Notamos que “Flecha” se acercaba y nos dijo:

-         ¿Quieren pasar al otro lado, a “sentenciados”? Les invitaré té y comeremos un kilo de pan, yo pago, posiblemente se hayan quedado pensando en “San Ambrosio” (con hambre)

-         Claro “Flecha”, si vamos contigo no habrá problema.

Regresamos por el camino andado durante la mañana al ingresar al patio, pasamos por las pilas de agua ahora vacías, no tenían ya el anterior contenido, cañas en tiras y manojos del mismo material. A mano izquierda observamos una especie de comedor al aire libre, todo de concreto, mesas, bancas  paredes bajas con unas columnas que sostenían un macizo techo de concreto, todo parecía de piedra, grisáceo, húmedo e inhóspito, además de los bichos que por allí pululaban, entremezclándose con los jugadores de cartas, que a esa hora ya se encontraban entregados a la única tarea de los de los desocupados en la cárcel. Juega y juega, conversan, bromean, chascarros, bromas pesadas, con un nutrido repertorio de palabras soeces. Todos relataban sus fechorías entre bromas y tomaduras de pelo…

-         Pucha que eres monse, dejarse hacer la cana tan suave…

-         Y qué querías que haga, si ya estaba jodido, no tenía ni un solo papel en el bolsillo, ni para identificarme, ni plata para tragar y aquí se puede comer gratis y de paso llevarme unos cuantos “papeles” a la calle cuando salga, además algunos “plancitos”, jajajajajajaja…

-         Bueno, no te acostumbres, pedazo de cojudo, dejarse chapar, tipo tan huevas no encontraré

-         Y tú que dices, jajajajajajaj, igualito, jajajajaja, por eso estás aquí conmigo, en el mismo hotel, ja, ja, ja…

Diálogos como este eran frecuentes escuchar, al pasar por algún sitio frecuentado por estos jugadores

-         Seguramente estos cojudos creen que contando sus hazañas les irá mejor por aquí

-         ¡Déjalos! Cada cual vive a su manera.

-         ¿Y si no nos dejan pasar por ser nuevos?

-         No creo, ¡si los dejarán!, ¡vamos?

Ingresamos a un compartimento que separaba la rotonda del patio de estadía, en ese compartimento existían dos escaleras que daban acceso a unos talleres que se encontraban en los altos de la rotonda, tomamos las gradas al frente nuestro y al subir al primer descanso, ya que allí quebraba en otra dirección, tenía forma de U, nos asomamos a una ventanilla embarrotada que servía como mirador a la cancha de futbol de sentenciados y Javier se dirigió a unos muchachos de aproximadamente 20 años, eran dos, y …

-         ¡Eh tú!, eres de Miraflores, ¿verdad?

-         Si claro, ¿tú también? ¿Me conoces?

-         Si, ¿por qué los trajeron?

-         Nos achacaron un robo de 80,000 y enseres

-         Les achacaron o descubrieron, la verdad, nada te cuesta…

-         Bueno, la verdad que si nos lo hemos “tirado” pero ¿creen que somos tan monses para decir que si? ¡baboso!

-         Pero a nosotros nos no lo van a ocultar, ¿verdad? ¿dónde lo enterraron?

-         ¡Bah! ¿Estás cojudo? Crees que robamos para enterrarlo? Yo lo gozamos, con buenas hembras, trago pa’l puterío y bastante pa’ tragar, por supuesto también ropa de la buena, jajajajajajajaj

-         ¿Pero si estas traposo?

-         Seguro voy a venir a la “grande” con frac, no? Jajajajajaj

-         Bueno, bueno, no es para tanto,

-         Y a ustedes ¿cuándo los trajeron?

-         Anteayer nos tiramos un bancazo afuera y recién ayer nos pasaron para aquí, estamos tranquilos, al otro lado son muy “forajas”, ¿por qué no vienen por aquí? Y a Uds., ¿qué les pasó?

-         También ayer ingresamos, igual que Uds., con su respectivo bancazo

Cuando la conversación llegaba a esta altura, intervino “Flecha”:

-         Uds. estarán bien, pero en realidad aquí viven los hombres y donde Uds. viven las “monjas”. Ahora vamos a pasar a tomar tecito, ya les caemos, ¿vamos zambitos?

-         Ok vamos contigo, le dijimos.

Nos acercamos a la reja que daba acceso a la rotonda, para de allí, por otra puerta, ingresar a “sentenciados”. Flecha le dijo al vigilante:

-         Oiga Don Pedro, ¿podemos pasar al otro lado a tomar té? Voy con ellos y regresamos pronto.

Fue así que traspusimos las rejas antes citadas y al ingresar a “sentenciados” lo primero que vimos fue un campo de futbol acabado de regar, lo cual le daba un mejor aspecto a la que existía en “inculpados” y es que, según me dijo “Flecha”, aquí todas las tardes le echaban agua, para así asentarla. Hacía poco lo habían hecho, ya que dentro de unos minutos se llevaría a cabo un partido.

Cruzamos la cancha en forma diagonal y llegamos hasta una especie de comedor popular, estaba conformado por mesas y bancas largas de concreto, todo techado y con una gran pared de fondo, en la cual estaban unos tipos, que como en el comedor del Mercado 2 de Mayo, en La Parada, preparaban alimentos de diversa índole, los mismos que vendían a sus compañeros que sufrían condenas con ellos, obligados comensales, por la insuficiente alimentación que allí se repartía.

Al otro extremo había un sastre y un zapatero, posteriormente me enteré que en los altos funcionaba una especie de fábrica de pantalones y ternos, se escuchaba el ronronear de una máquina de coser, indispensable herramienta de trabajo para aquellos internos que tenían conocimiento de dicho oficio.

Nos dirigimos a la esquina de mano izquierda, en la cual delimitada por paredes rústicas de cartón y calaminas, había una especie de cafetería, la misma que era atendida por un individuo de aspecto agradable, luego nos enteramos que su nombre era Juan y que se encontraba recluido ya más de un año, dedicándose desde entonces a ese negocio. Un ex sacerdote decían, internado por violación de un chiquillo. Verdad, mentira… no lo sé, ni me interesaba…

Al ingresar a dicha cafetería, totalmente despreocupados, debido que al hacerlo nos parecía estar en alguna calle de la ciudad, parecía un establecimiento común, se escuchaba el chillar de una radio a transistores, que estaba en algún escondido rincón de la covacha, ya que si estuviera a la vista “podría perderse”. Igualmente notamos la presencia de otros parroquianos y entre ellos había un hombre ya de edad, al que yo conocía y que también Javier lo saludaba, parecía conocerlo de antes y así estuvimos, casi sin darnos cuenta, en un ambiente cordial con mucho para conversar.

Don Raúl, así llamaremos al viejo conocido, se encontraba recluido por dedicarse al contrabando menor, es decir “poca cosa”, y digo esto porque las personas realmente dedicadas al contrabando en gran escala, que incluso han sido desenmascarados por los diarios noticiosos, se encuentran libres, gozando de los frutos de sus pillerías, radican en el extranjero o en el país, sin sufrir la pena que les corresponde y este “poca cosa”, pues sencillamente está “pagando pato”, por los otros, que están gozando en el exterior, mientras Don Raúl está pagando condenas ajenas.

Me acerqué a Don Raúl y entablé conversación y es así que me enteré de muchas cosas acerca del delito que cometió y por lo que estaba pagando condena, pero ¿los peces gordos?

Luego de esperar un buen rato de pie, mientras desocuparan unos sitios para nosotros en aquel reducido recinto, nos acomodamos al ver que se levantaban unos parroquianos y así nos sirvieron sendos jarros con té azucarado bien caliente, acompañado de unos grandes panes de muy buena hechura, que golosamente engullimos, con lo cual quedamos muy satisfechos.

Por su parte Javier entabló alegre conversación con Juan y lo hacían muy animadamente, por lo que pude apreciar eran viejos conocidos.

Preguntamos la hora, nos dijeron era las  tres de la tarde, en el exterior se escuchaban ya unos pitazos, señal que se iniciaba ya el partido programado. Se escuchaban gritos, insultos de los espectadores, jugadores y los vecinos “inculpados” que disfrutarían del partido por las ventanillas de los altos y bajos pisos de su sección.

-         Apúrense con sus tecitos que nos vamos, nos urgía “flecha”

-         Suave, suave que me ahogo…

-         Es que debemos regresar al otro lado temprano, para que otra vez nos dejen pasar y nos lo permitan sin problemas, ok?

-         Bueno, vamos, ya terminé, ¿tu Javier, ya?

-         Si, también, vamos…

-         “Flecha” pagó el consumo, lo cual era bastante económico, pero que fue de gran utilidad para nuestros desnutridos estómagos.

Nos despedimos de los amigos y prometimos volver en cuanto pudiéramos, si era posible sería al día siguiente. Salimos de la cafetería, despidiéndonos muy atentamente de Juan, quien nos atendió “muy finamente” durante el carcelario “lunch” de aquella tarde.

Al salir tuvimos que bordear la cancha de futbol, ya que en ese momento se estaba llevando a cabo un partido entre equipos de “sentenciados” e “inculpados”. Por las ventanillas, los inculpados, obligados espectadores de aquel partido, hacían barra por su equipo representante, corregían jugadas, insultaban, bromeaban, etc. Llamamos al vigilante y pasamos nuevamente a “inculpados”, a nuestro punto de origen y a través de una de las tantas ventanas nos sumamos a los espectadores de aquel partido. Nos unimos  a la bullanguera barra de “inculpados”, hasta finalizar la contienda, que tuvo un magnífico empate. La manera como terminara el partido no preocupaba, sobre todo porque en “sentenciados” la gente era más tranquila, al menos más tolerante…

Hasta ese momento lo que más me preocupaba era el que no sabíamos dónde dormiríamos y con qué, por lo menos Javier disponía de dos frazadas y una colchoneta, mientras yo no tenía algo que me sirviera para recostarme ni abrigarme, además estaba con ropa liviana.

Cuatro de la tarde, escuchamos un fuerte y largo pitazo…

-         ¡Pucha!, llegó la hora del chequeo de celdas.

“Flecha” nos explico que a esa hora, todos los días, se chequeaban las celdas, con el fin de descubrir la posible existencia de alcohol, coca o drogas, que pudieran estar escondidas en alguna parte de las mismas, seguramente que también les preocupaba cuidar que no se hicieran forados o túneles hacia la calle, no sería raro…

Simultáneamente sonaba otro pitazo, ejecutado por el vigilante civil y era la señal para la entrega de raciones, las colas se formaron y nosotros esperamos que el viejo Rodríguez nos prestara sus “cacharros” para poder recibir en ellos nuestras “raciones de hambre”. De modo que esperamos tenerlos en mano y una vez en poder de ellos unirnos a la cola y al llegar al mostrador de reparto, recibir en los cacharros las dos raciones juntas de un nauseabundo guiso y un terroso café con dos panes. Las dos raciones daban la impresión de ser una sola y aún menos, lo cual daba la idea que algunos presidiarios tenían sus influencias entre los repartidores, entre quienes noté la presencia de un tal “gitano” al cual ya conocíamos antes, era el árbitro del partido de futbol.

-         Oye Javier, con esta comida, a la vuelta de la esquina nos vamos a quedar tuberculosos, eh?

¿Qué vamos a hacer?, aguantar y aguantar, me traen comida de la calle, no la dejan pasar, dicen que está prohibido ¡Qué tales cojudos! A uno lo dejan morir de hambre ¡bastardos!

-         Tendremos que comer lo que en un principio despreciamos, no hay remedio.

-         ¡Claro! ¡Come y calla!

-         ¡Ah! luego vamos donde “Flecha” para preguntarle acerca de lo que viene, ¿cómo vamos a dormir?

-         Bueno, ya veremos…

Prontamente dimos cuenta de la paupérrima comida que nos dieron y luego de lavar los cacharros, nos acercamos a Rodríguez que por allí rondaba, le dimos las gracias a  la vez que le devolvimos lo prestado.

-         ¡Flechaaa! Vieron a Flecha’ pregunté a otros que estaban cerca…

-         Está en la revisión de celdas, al ingresar lo encontrarán, es el primero de mano derecha, la número 1, nos respondió uno de ellos, un tipo al que antes vimos junto a  Flecha y que luego nos enteramos le apodaban “dientes”. Tenía una manta en el hombro, posiblemente para abrigarse a lo largo del día, ya que no andaba más que en camisa, por lo demás todo desarrapado.

-         En el transcurso del día, que en realidad se nos hizo larguísimo, nos fumamos alrededor de dos cajetillas de cigarros y al percatarnos de ello nos propusimos “guardar pan pa’ mayo”, ya que después sería difícil conseguir cigarrillos y aunque supiéramos dónde, no teníamos dinero y de seguro que tenían precio de oro. Aparte de la asquerosa comida, el resto del día lo pasamos “amenamente”, hasta nos olvidamos de la triste realidad. Fue mitigante la serie de sorpresas que tuvimos en las horas de “reconocimiento externo” y la curiosidad de observarlo todo.

Serían aproximadamente las cinco de la tarde, escuchamos un nuevo pitazo, el sol ya se ocultaba en el artificial horizonte de concreto que nos imponía la alta muralla que servía de límite del penal.  

 

A DORMIR.

 

Se formaron dos largas colas inmediatamente se escuchó el pitazo, por delante de la puerta cercana a la rotonda, pasaje obligado del patio al pabellón de celdas, había llegado el crudo momento de enfrentarnos a la realidad, dónde y con qué dormiríamos.

-         Apuesto diez soles que me levanto cuatro –vociferó alguien- al voltear hacia el sitio  hacia donde me acercaba, noté que quien decía tal cosa era “Dientes”, me acercaba solo, ya que Javier se encontraba formado en una de las colas y cabalmente hacia ese sitio me dirigía, a fin de que me dieran sitio junto a él.

-         -Apuesto diez soles a que me levanto cuatro, repitió el “dientes”, al mismo tiempo extendía la mugrosa frazada en el suelo dando un toque de asquerosidad al limpio patio de tierra,

A nuestra derecha se encontraba el pabellón de celdas, las mismas que todavía nos eran desconocidas, ya que en la mañana lo que hicimos fue darle una ojeada, una simple ojeadita. A nuestra izquierda había una gran habitación de concreto (no existía construcción alguna de madera), ese recinto era el taller de zapatería, en el trabajaban el “muerto” Gonzáles a quien le robaron su talega de zapatos y dio lugar al incidente que marcó nuestro amanecer en dicho penal y muchos otros internos conocedores del oficio.

Frente a la puerta del  taller ahora cerrada, se encontraba el mencionado “Dientes”, el mismo que seguía vociferando:

-         Apuesto veinte soles a que me levando cuatro de un solo pepo.

-         Diez soles a que no ¿acaso te crees Tarzan? ¡triste cojudo! Estás más flaco que la cola de mi gato…  jajajajajajaj…

-         Apuesto al “Dientes” gritó alguien que se encontraba en la cola pegada al taller de zapatos, a continuación se encontraba un comedor similar al que observamos en el pabellón de sentenciados, con la diferencia que en este no preparaban comidas, parece que en el otro lado había más libertad de acción que en éste, por lo menos de tener su negocio sin problemas.

Hasta este  momento, nuestra actitud era la de espectadores y ya me había incrustado en la masa humana que formaba la cola, entre mi compañero Javier y el nuevo amigo que estaba cediendo la entrada a la misma (sin protestar) aunque en realidad nos encontrábamos a la expectativa y también incómodos, toda vez que al ser nuevos, nos sorprendía tales “concursos”. El nuevo amigo de la cola nos dijo con cierto desgano, casi involuntariamente, con disimulo:

-         No se metan, no agregó más a lo dicho… uniendo a las dos palabras una mirada convincente, muy significativa para nuestras ahora advertidas mentes, que hasta este momento solo habían recibido sorpresas.

-         Okey, respondimos, como si le tratásemos de convencer de que nos habíamos dado cuenta de lo que sucedía, pero en realidad ardíamos en deseos de saber por qué tanto misterio alrededor de este “concursito”

-         A ver, necesito voluntarios –masculló el “Dientes” al mismo tiempo  que dirigía su alienada mirada hacia nosotros.

-         ¿Qué esperan? ¡Maricones de mi…!

-         Ya, ya “dientes” repuse, está bien, tú nos levantas, seguro que si, nadie lo duda, ¿no es así muchachos?

-         Ya está bueno¡¡¡ agregó Javier, asustado pero convincente, bastante convincente.

A esto agregué: - Esto es para los yuyonazos – dirigiéndome a Javier y al amigo de la cola, sin cuya advertencia hubiéramos caído en aquello que con claridad no sabíamos que era, pero que seguramente era malo para nosotros, toda vez que cuando aquel amigo nos dijo – No se metan – lo hizo con un claro tono de advertencia. Ya lo averiguaríamos, había bastante tiempo, ¿verdad?

Al notar esto, acrecentaron las miradas de los “apostadores” y los “curiosos” que se arremolinaron en torno al “dientes”, como para motivarlo a continuar, para luego alejarse defraudados; unos coléricos, otros a su lugar en la serpenteante cola, mientras los “republicanos” permanecían en sus puestos como si nada  sucediera, para ellos todo estaba tranquilo.

-         ¡Cuidado, el “dientes” va a sacudir su frazada! Advertía alguien tardíamente, ya que recibimos en el rostro, el latigazo rugiente y terroso, a la vez que el colérico mensaje del fracaso, unido a una horrible polvareda en el patio que mediaba entre las colas formadas.

 

Desaforadamente, “dientes” sacudía su frazada dos o tres veces más, más por cólera que por limpieza, toda vez que le quitaba consistencia a la manta, consistencia de abrigo, ya que al sacudirla quedaba otra vez transparente y permeable al frío nocturno.

-         ¡Ya, todos pa’dentro! Vociferó uno de los republicanos.

Comenzaron a desfilar a razón de veinte por fila. De esa manera de ambas filas ingresaban, al mismo tiempo que los iban contando. Ingresábamos al pasadizo de subida a los talleres del segundo piso, para luego pasar delante de otro guardia con el grado de sargento, el mismo que se encontraba en la puerta de acceso de la rotonda al pabellón de celdas propiamente dicho.

Al ingresar a la rotonda algunos o casi la mayoría de los presidiarios se santiguaban ante una imagen religiosa que se encontraba allí, mascullando algo entre dientes, seguro alguna breve plegaria, demandando algo que anhelaban, en sus rostros se dibujaba fe, bastante fe. Parecía increíble apreciar sentimientos religiosos en aquellos duros rostros, algunos eran criminales. A mano izquierda del acceso a la puerta de la rotonda al pabellón de celdas había un pequeño altar, lo que era motivo del santiguarse de aquellos internos. En la parte superior se hallaba, como sosteniendo la pared, un Cristo crucificado. Dicho altar estaba por lo general cerrado por una gran puerta de madera, dejando entrever apenas la imagen del crucificado. Él estaba también encerrado, crucificado y encarcelado con nosotros.

Los presos continuaban su camino, algunos se detenían ante la primera celda de la derecha, signada con el número uno, en donde “Flecha” se dedicaba a repartir unos cordones de variado color o tiras de cuero, pitas u otro material, rematados al otro extremo por una llaves, pequeñas unas y otras grandes, de variada forma.

Javier y yo nos miramos y con una señal de asentimiento, lo cual indicaba que estábamos pensando lo mismo. No todos tenían candado, por ello es que algunos salían a los patios portando frazadas o alguna prenda de vestir u otras cosillas en bolsas, ya que en sus celdas no había seguridad y si las dejaban y tenían la mala suerte de formar últimos en las colas, de seguro que perderían dichas prendas.

-         Hola Flecha, te echamos de menos, pero nos explicaron los motivos de tu ausencia.

-         - Si, tenía que entregar las llaves de las celdas a los guardias de servicio, a las cuatro de la tarde, para que lleven a cabo la revisión de las mismas, no sé qué m… creerán que van a encontrar, seguro que oro, ja, ja, ja,…

-         Si, claro, nos explicaron eso y mucho más…

-         ¡Ah! ¿Dónde donde vamos a dormir?

-         No se preocupen, allí viene la “vieja” y nos señala hacia la entrada al pabellón.

Entre los que ingresaban venía un señor de regular edad, tendría algo más de 50 años, vestía una camisa a cuadros y un pantalón de tela “montepelado”, una chompa de algodón gris, todas esas prendas más o menos limpias, su andar era regularmente firme y su mirada algo desviada, no era firme como su andar.

-         ¡Oye vieja! Dirigiéndose al ahora pasaba por delante de la celda – Esta noche y las restantes, van a dormir en tu celda dos nuevos que recién llegaron, eh?

-         ¡Negro de mie..! ¿qué te has creído, que por ser capo vas a hacer lo que te de la gana? Mi respuesta es ¡No y no!

-         Viejo cojudo, estoy ordenando y tienes que obedecer, así que ya lo sabes, eh?

-         Estas equivocado, creo que esta vez estás fuera de onda, no puedes ordenarme tal cosa, a mi me gusta dormir solo, tú lo sabes bien, no te hagas la loca…

Y mientras ellos discutían nosotros temblábamos, ya que a lo largo del día “Flecha” nos dijo que nos colocaría en un sitio recomendado y según estaban las cosas, se notaba que estábamos a punto de perder la oportunidad de vivir tranquilos y “recomendados”.

-         Pero vieja –repuso “Flecha” en tono más razonable- ambos son dos muchachos que se encuentran aquí por primera vez…

-         ¿Los conoces? Preguntó algo relajado… como buscando una presentación formal, a lo cual “Flecha” hizo un gesto de asentimiento.

-         ¡Ah! Exclamó, ahora si cambia la moña, creí que eran un par de perdidos, pero creo que me equivoqué, ¡No es así muchachos? Agregó como temiendo errar en su apreciación, de todos modos hay maneras de pedir las cosas o crees que por ser caporal vas a hacer y deshacer a tu sagrado antojo, cuidadito no más negro de mie… puedes ser mi nieto, así que ándate con cuidadito y dirigiéndose a nosotros nos dijo:

-         Ya, van no mas a mi celda, señalándonos una cercana, pero temprano eh?

-         Bueno, creo que solucionamos, ¿verdad?

-         Uffff, creí que esto no acabaría nunca, repuse, pero creo que ya tenemos “hotel”, vaya, vaya… y la “vieja” se alejó con pasos firmes y rápidos.

-         Ea Flecha, qué tal es la vieja ah?

-         Buena gente – contestó maliciosamente- buena gente, ya verán, ya verán…

-         Bueno, creo que vamos a hacer un reconocimiento a nuestro nuevo domicilio, esto lo dije ya con cierto tono de familiaridad, hasta este momento todavía tenía latente en mi, todo el sufrimiento ocasionado por el ingreso al penal, todo el día fue mitigado por los descubrimientos que uno a uno iban sucediendo en una realidad, como preparados a mi expectación, pero ahora se presentaba  un panorama pasivo y la consiguiente ración de cansancio, nos caería de perlas un sueño reparador, no interesaba dónde ni sobre qué…

Es así que nos dirigimos a la celda de la “vieja”, era la 26, mientras conversábamos…

-Tendremos que abrir bien los ojos, aquí todo es totalmente nuevo y pronto obscurecerá, tendremos que andar con cuidado, con mucho cuidadito, eh?

- Cuidémonos las espalda uno al otro, como hasta ahora lo hemos hecho.

- Pierde cuidado, ¡así será!

Y nos acercamos a la celda de la “Vieja”, estaba a unos quince metros en diagonal, al frente del conjunto de celdas donde se encontraba la de “Flecha”.

Teníamos la colchoneta que Rodríguez había dejado en la celda de “Flecha”, mi casaca y lentes, con los cuales pude observar mejor todo lo que a nuestro paso se presentaba, igualmente teníamos las dos frazadas y una chompa de Javier y llegamos a la celda 26.

En la puerta observamos a unos cuatro o cinco serranos esperando, nos abrimos paso e ingresamos. A todo esto ya habíamos observado el panorama del pabellón de celdas, el cual era así:

En pequeñas celdas distribuidas en largos corredores, pernoctaban los reclusos internados en la Cárcel Central de Varones de Arequipa. Estas celdas tenían  aproximadamente 2.00 x 2.50 mts. Y aunque parezca increíble, algunas recibían hasta seis presos, por supuesto había algunas en las que solo habitaba uno o dos, debido a preferencias o simplemente por la fuerza de imposición se lograba tales privilegios.

Los reclusos, en su mayor parte, no cuentan con colchones, frazadas, menos aún con sábanas, almohadas, etc. En algunas celdas han extendido paja, sobre la que duermen los presos, cubriéndose con algunas ropas o una que otra vieja frazada.

Ingresar por primera vez a los corredores y las celdas, constituye sin lugar a dudas una dura prueba para el olfato. El olor reinante en este lugar es pestilente y la razón está en que los reclusos realizan sus necesidades fisiológicas en las mismas celdas, para evitarse nocturnas sorpresas que podía costarles la vida, aunque después los mismos internos lo barrían y baldeaban con agua, procurando mantener las celdas limpias, pero era inútil.

Por otra parte, los servicios higiénicos se encontraban malogrados e inclusive algunos estaban clausurados, lo mismo que daba lugar a diversos problemas e inconvenientes y lo que es peor, constituye un grave foco de enfermedades infecciosas. Las celdas estaban distribuidas teniendo en cuenta cierto tipo de categorías; los que cuentan con ciertas posibilidades tienen colchones, frazadas, los catres o tarimas son un lujo, la mayor parte se conforma con dormir en el suelo.

La pequeña área de las celda da lugar a la promiscuidad en la forma de vivir, es así que el promedio de seis por celda, le lleva al lector a especular lo que allí pueda suceder ciertas noches, la especulación se tornará en realidad al terminar de leer el presente relato, total, de todo se da y es así que existen hasta “lenocinios”, es decir comunidades de homosexuales que habitan en determinadas celdas.

Lo cierto es que la celda de la “Vieja” presentaba el aspecto de ser una de  las mejor acomodadas de las que pude ver en el corto recorrido de quince celdas, que a ojo de buen cubero analicé.

Al ingresar a la celda pude notar que a la izquierda había un camastro y amarrados a la cabecera una serie de ponchos y frazadas destrozadas o algo parecido, al mismo tiempo vi a la derecha una serie de sucios atados que fueron desfilando por nuestro delante, para ir a dar a las manos de los cholos que esperaban en la puerta. En el interior de estos atados pudimos apreciar frazadas, prendas de vestir, herramientas, etc., con esto se me vino a la cabeza que esta sería una celda segura y respetada, toda vez que los demás dejaban allí guardadas sus cosas.

Nuestras cosas las dejamos a un rincón, al costado de la cama de la “Vieja”, en un pequeño espacio vacío, ya que era de suponerse que por allí dormiríamos, el ancho de la celda no daba sino para armarse dos camas de una plaza, pegados uno al otro, o sea que con un camastro más, parecido al que allí había, se llenaría al tope la celda.

-         Bueno, allí veo sus cosas, así que acomódense y hagan de una vez su cama, esta vez les enseñaré como hacerlo, el resto de noches que estén aquí lo harán igual. Hurgó la colchoneta y renegaba…

-         Estos caporales son una mier… unos desgraciados, pero ya les tocará un cholo grueso que les va a tirar una revolcada que ni su madre los va a salvar… ¡ni su madre! ¡Ay carajo! Y no hablo por gusto, soy salado para hablar, hijos de mala perra…

-         ‘Oiga, oiga! Total nosotros pagamos el pato, Ud. sigue haciendo cólera y nosotros pediremos al “Flecha” o a Rodríguez que nos coloque en otro lado.

-         ¡Noo! Respondió enérgicamente, dándonos a entender que nos recibía a gusto con él, sino que me molesta que me impongan y ordenen, y en caso de ser un par de “malosos” no los hubiera recibido, mas siendo primerizos no hay problema, pero estos caporales son unos desgraciados, creen que por tener ese puesto también tienen  el derecho de joder a todo el mundo. Bueno… arreglemos la cama ya aprenderán a hacerlo con el tiempo.

De pronto escuchamos…

-         ¡Vieja, Viejaaa…

-         Ya está aquí otra vez el huevón ese, viene a fregar como siempre…

-         ¡Ey Vieja! ¿Cómo te baila? Ja, ja, ja…

Llegó trayendo una colchoneta consigo, una colchoneta de unos sesenta centímetros por lado, era cuadrada, delgada pero que nos sería útil, igualmente nos trajo dos “llicllas” de regular tamaño y un poco avejentadas, que unidas a lo que tenía Javier nos sentíamos poseedores de una maravillosa cama, lo único que faltaba era el catre, pero eso si que era bien difícil conseguir, en fin, era algo…

-         ¡Gracias Flecha!

-         ¡Pucha! La vamos a pasar bien…

-         Ya se acostumbraran, además la “Vieja”! es bien hospitalaria, lo que les recomiendo es que “la traten bien”, de lo contrario chocarán conmigo, ja, ja, ja

-         Ya, ya negro, despréndete, despréndete…

-         ¡Usen pero no abusen! Decía Flecha entre serio y broma, mientras se alejaba.

No sabíamos cómo tomarlo, lo que si hicimos fue acompañarle en sus risotadas, nos parecía raro hacer bromas dentro de la casa del dolor, mas luego nos dimos cuenta que allí también se reía y que Flecha era un tipo de bromas, alegre y muy buena persona para con sus amigos.

Se retiró Flecha, invitándonos a pasar por “su casa” para mas luego, diciendo:

-         Más rato van por allá, dejen que la vieja haga sus cachuelitos, je, je, je…

Más o menos tratamos de entender lo que nos quería decir, aunque nos sobresaltó. Lo despedimos a la puerta, al voltear notamos que la “Vieja”!, entre maldiciones irreproducibles que harían palidecer al mismo diablo, extendía en el suelo una serie de periódicos de la ciudad, la capital y hasta extranjeros, ¿por qué no? En la cárcel se puede encontrar de todo y todo puede ser posible en ella.

Sobre los periódicos extendió la colchoneta de una plaza, luego las colchonetas chicas y por últimos los ponchos, para luego retirar uno de ellos diciendo:

-         Este mejor lo usamos como sábana, jajajajajaj.

-         Ud. lo dice y así será

-         Ahora extiendan las frazadas de Javier y acuéstense, deben estar cansadísimos, más aún con el bancazo que se pegaron ayer….

-         Oye Javier, voy donde Flecha, a ver si me presta uno de los tantos radios que he visto en su celda, he notado que tiene de toda marca, ja, ja, ja…

Con ciertos temores crucé la distancia que mediaba entre ambas celdas, debido a las advertencias que me hicieron a lo largo del día, que no era bueno que recorriera  muy tarde por los pasadizos, muchas cosas podrían suceder, de allí que tomé todas las precauciones del caso para cruzar la pequeña distancia que separaba ambas celdas, y…

-         Flecha, ¿puedes prestarme uno de tus radios? - le pregunté, ya que encontré su celda abierta y también algunos cholos que estaban recogiendo algunas cosas, idénticamente como lo hicieron en la celda de la “vieja”

-         Ya voy, anda no más a la celda de la “vieja”, ¡ya?

-         Ok, te espero –le respondí, al mismo tiempo que observé que seguía entregando los paquetes-

Al regresar a la 26, casi me caigo, debido a un resbalón que sufrí al volver apresuradamente, el piso estaba como jabonoso, y además despedía un fuerte olor nauseabundo y penetrante.

Al llegar note que “la vieja” estaba arreglando su cama, con bastante prolijidad, ese camastro era uno de los que daban antes en la cárcel, seguramente él era antiguo, ya que pocas celdas tenían esos catres, muy pocas, usaba como colchón una serie de viejas frazadas y algunas avejentadas pieles de oveja, ponchos deshechos, periódicos, papeles, cartones, etc., había de todo, y para cubrirse usaba unos ponchos y unas frazadas más o menos conservadas.

-         Zambitos ¡Ey zambitos! Aquí está la radio. Las pilas están bajas, pero creo que les servirá. Era la inconfundible voz de “flecha” y el toque respectivo en la puerta.

-         Ya lo creo, verás que si

Javier preguntó:

-         Flecha, ¿podemos ir a ver tele?

-         No, dije y más bajo agregue: ¿No te das cuenta que “es el primer día de clase? Y somos “carne nueva”, algo podría suceder y tenemos que prevenir…

-         ¡Bueno! Mañana temprano al despertar me pasan la voz y me cuentan qué tal les fue, a la vez que me entregaba la radio y la “Vieja” protestaba…

-         ¡Acuéstense, acuéstense ya, temprano, duerman y déjense de TV!

Procedimos a acostarnos, siguiendo los consejos de la vieja y me acomodé al rincón, para el lado de la pared, quitándome los zapatos, los mismos que coloqué debajo del colchón, a fin de que lo elevara a manera de almohada, me tapé con las frazadas, encendí un cigarrillo, hacía un buen rato habían dado luz, serían aproximadamente las 7 de la noche, habían transcurrido ya dos horas desde que ingresamos y me envolví con las frazadas a fin de protegerme del penetrante frío que ingresaba al pabellón. Por la situación de las celdas y aún más por encontrarnos en el primer piso, bajo otros dos niveles, estas celdas eran más frígidas. Agregué a mi vestimenta la casaca, a fin de abrigarme más, ya que el frío me aguijoneaba, clavaba sádicamente, haciéndome sentir aún mas desgraciado de lo que ya era. Seguí pensando muchas cosas y el tiempo transcurría.

Se apagó por unos segundos la luz y volvió a encenderse, era usual que a esa hora todos los días lo hacían según nos lo dijo la “vieja”, al mismo tiempo que se retorcía como un ofidio en su traposa cama, pero que en esas circunstancias le sabrían a lecho de rey.  Absorbí el negro humo del cigarrillo, el mismo que me supo a gloria y como dopado por ello recordé todo lo que me había sucedido afuera, en cierta forma allí me encontraba más seguro, toda mi vida recorrió por mi mente como una película, como dicen sucede antes de morir, me arrepentí de algunas cosas que hice y también maldije las injusticias que se habían cometido conmigo.

Una araña recorría su tejido, como revisándola una y otra vez, seguramente estaba entretenida tratando de hallar “el comienzo de la madeja”, para desandar lo tejido, posiblemente se equivocó de punto, idéntico a como lo hacen algunas damas en sus tejidos y como lo desearía hacer uno, en los telares de la vida, cruel y engañosa, zalamera y resbaladiza.

Recordé a mi padre, la familia, mis amigos, enemigos, de todos hice memoria, de las travesuras de la infancia, de mis devaneos juveniles y del gran tropiezo y error al confiar en la justicia.

-         ¡Bah! ¡Justicia, justicia de hombres! ¿Quién cree en ella? Es como esperar que las piedras hablen, el hombre se equivoca, yerra. Innumerables veces hemos visto lo frágil que es el hombre, allí mismo me puse a pensar acerca de lo que hasta la fecha me había preocupado, ahora tenía tiempo para hacerlo, me hice las preguntas:

¿Qué es el hombre?

¿De dónde viene el hombre?

¿A dónde va el hombre?

Pensé en Dios, en la vida, la muerte…

¿Existen habitantes en otros planetas?

¿No seremos descendientes de seres extraterrestres?

Y cuanto más avanzaba el tiempo iba encontrando más y más preguntas que seguramente llegarían a tornarse absurdas o muy fantasiosas. Pensé en platillos voladores, en monos, en seres verdes, con tentáculos, antenas de metal, de plástico ¡Uf! ¡Pensé tanto?

Y Uds., ¿alguna vez se han puesto a pensar en ello? ¡Háganlo! Es útil, ayuda a definirse filosófica e ideológicamente.

De pronto, el fuerte sonido de una radio más potente que la que teníamos, interrumpió mis cavilaciones, no le di mucha importancia, traté ahora nuevamente de concentrarme en la música de “mi” radio y paralelamente a las pitadas que le daba al negrito, procedí a recorrer con la vista la celda, comencé a contar los huecos que en la pared había, desistí, tendría que utilizar mucho tiempo, lápiz y papel,  todo era huecos, antigua residencia de clavos de variado tamaño o seguramente abiertos por algún ocioso a lo largo de su “largas noches” de condena. La celda se encontraba iluminada solo a la mitad, ya que la “vieja” había puesto un periódico a manera de pantalla, a fin de que la luz no le de en el rostro.

Javier se había acomodado y estaba leyendo una revista que se trajo de la celda del “Flecha” mientras yo seguía con la inspección de la covacha.

A lo lejos, de otras celdas se escuchaban gritos, como:

-         ¡Oye carajo! Trae un café con dos panes.

-         ¡Cierra la puerta cojudo!

-         ¡Cállense la boca, dejen dormir…!

Unos gritos eran ahogados por otros más potentes, permanentemente se escuchaban llamados para el cafetero o nombres de otros presos, siempre adornados con soez vocabulario.

Al girar mi cabeza hacia la cabecera del dueño de la celda, noté que al alcance de su mano tenía un tubo de hierro, de más de menos medio metro de largo y atado a un extremo una agarradera, a semejanza de los palos de los policías, sinceramente me entró cierto temor y hasta pensé en no dormir en toda la noche, me imaginé a la “vieja” dándome un garrotazo en la calabaza.

De pronto se levantó y abrigándose nos dijo:

-         Voy a salir un momentito, aseguren la puerta tal como les mostraré y no abran a nadie, no vaya a ser que al primer huevón que venga le abran y aquí los encuentre crucificados, eh?

-         Pierda Ud. cuidado, en todo caso lo agarramos a garrotazos con aquel fierro, dije, señalando la vara de metal.

-         Claro, pero cierren la puerta con esto y nos alcanzó una vara de metal, que servía a manera de picaporte, pero que colocado en determinado sitio quedaba fuera del alcance de manos ajenas, ya que la totalidad de la reja se encontraba forrada con latas y cartones, dando la impresión de la puerta de un gallinero, ya que primitivamente es de puros barrotes, las clásicas puertas de cárceles, con su sordo sonido a triste metal al abrirlas o cerrarlas, lúgubre mensaje de encierro y pena, lamento de hierro por los dolores humanos, llanto metálico en reemplazo del húmedo y tibio llanto animal.

Al abrirse la reja vi como se extendía la penumbra del ancho corredor, por el cual sentimos después el eco del taconeo de la “vieja”, el mismo que traté de grabar para reconocerlo a su regreso, ya que para grabar sonidos era un campeón.

Cerré la puerta, tal como nos lo advirtieron y proseguí con la inspección de la celda, recordé la comida que nos dieron, la misma que comparé al vómito de un perro, pero que teníamos que digerir por necesidad, haciendo profundos esfuerzos por no regurgitarlo nuevamente.

Al quedarnos solos, empezamos por hacer conjeturas sobre la “vieja”, y…

-         Oye Javier, creo que el viejo es “mirco”, ¿qué dices?

-         No parece serlo, pero de todas maneras si así fuera, hay que tener mucho cuidado, esos tipos son bastante peligrosos, ¿recuerdas las advertencias de “Flecha”?

-         Hum… ajá… total… sea lo que sea hay que desconfiar de todos, incluso del “Flecha” y cuando regrese la “Vieja” hay que tener cuidado, hay que hacerlo hablar, no sea que venga a la cabeza de otros pendejos y nos quieran joder, tú abres la puerta y yo estaré atento al garrote para defendernos ¿ya?

-         Ok, no hay problema, así será…

Nos pusimos a escuchar música, yo volví a mis cavilaciones y pensaba…

“¿Qué tal cojudez!, tenernos a todos revueltos: criminales, rateros, vagos, presos políticos, estudiantes, no estudiantes, enfermos mentales, tuberculosos, “chancrosos”. No, no había derecho a tal cosa, pero ¿Había que aguantarlo? ¿Quién va a reclamar? ¡Quién? grité: ¡Quién carajo!

-         ¿Qué te pasa, te has vuelto loco? Reaccionó Javier

-         No –sonreí- sencillamente pensaba en voz alta, disculpa si interrumpí tu lectura –y es que él se encontraba leyendo una revista- total, no había en que ocupar el tiempo, allí todo era ociosidad, solo ociosidad…

De pronto sentí pasos que se acercaban a la celda y reconocí los de la “vieja”, escruté bien a ver si le seguían otros pasos o si es que trataban de simular los pasos de él, lo cierto es que… toc, toc, toc y una voz que decía…

-         Ey muchachos, abran, soy yo, ¡abran!

Tal como lo planeamos, Javier se dirigió a la puerta y yo atento al garrote, entreabrió la reja y reconocimos a la “vieja”, le hicimos pasar, para luego cerrar nuevamente tras él, la entrada a cualquier otro sujeto.

-         ¿Qué tal, cómo les fue!

-         Bien, contestamos al unísono.

Procedió a acostarse nuevamente, nos entraba curiosidad por saber a dónde había ido, pero preferimos no preguntarle, más tranquilos luego nos acostamos.

Reanudé mi sesión de humo y encendí otro “negrito” y luego otro, tratando de encontrar un tema de conversación con la “vieja”, a fin de pasar la larga noche que nos esperaba, sería larga en tiempo y también por ser la primera en una celda, duraría aproximadamente once horas, aparte de las que ya habían transcurrido, haciendo un total de catorce horas de encierro, desde las cinco de la tarde hasta las siete de la mañana del día siguiente, hora en que nos sacarían a los patios, al fin le dirigí la palabra…

-         Y Ud. Señor, ¿cómo se llama?

-         Ramos, Carlos Ramos y estoy aquí con atestado de vagancia, no como los otros desgraciados que vinieron por robo, crimen, etc., posiblemente salga para Julio, a fines o tal vez para Diciembre, fecha en la que generalmente los que estamos con atestado salen libres. Anteriormente he estado aquí, también en la misma celda, esa vez ingresé por hacerle un mapa en la cara a un zambito. Cierta oportunidad que estaba borracho, me encolerizaba por cualquier cosa y le corté la cara, cosas que pasan por las copas, cosas, cosas…

Aparte de ello otras veces también he caído por… ufffff, esta cárcel me la conozco al revés y al derecho, pero lo cierto es que un día voy a caer del todo, pienso matar a una persona, a uno que me ha hecho mucho daño, si, esa persona me ha hecho mucho daño. Me sacó la vuelta con mi mujer, ahora vive con ella, en la casa que construí con mi trabajo. Le he jurado muerte y algún día que esté muy, pero muy borracho lo voy a hacer. Tengo dos hijas ya jóvenes, a veces cuando pienso en ellas me contengo, pero llegará el día en que nada me detenga y pasará lo que tiene que pasar. Antes yo tenía dinero, vestía bien, tenía un buen trabajo y me daba buena vida, pero llegó mi desgracia y me dediqué al trago, enredé mi vida en cojudeces y aquí estoy ahora debido a que en una de esas jaranas tuve amistad con unos rateritos y como no tenía documentos, sin más trámite me hicieron atestado de vagancia y aquí me tienen cumpliendo mi condena, después de todo aquí no chupo, tengo cama, comida y descanso. ¡Bah…!

Me enredé con tantas mujeres: Juana, María, Zaida, Raquel, Charo, ufffffff, muchas mujeres…

Una vez me fui a jaranear al kilómetro 6, en Cerro Colorado, me pegué una “tranca” de las buenas con otro zambo, cada uno con dos mujeres, con bastante lana en el bolsillo, yo invité todo y ¿tú crees que ahora esas mujeres o ese amigo se acuerdan de mi? ¿Por lo menos con una naranjita? Nada, nada, nadie se acuerda de mi, ni siquiera mis hijas, por eso pienso que ni siquiera ellas merecen que les respete, en fin, seguro tienen vergüenza de venir a verme. ¡Ah! Pero cuando salga a la calle, verlas como me buscan, para que les de plata o para cualquier otra cosa, corriendo van a mi casita. ¡Ingratas!

A partir de ese momento dejé de llamarle “vieja” y después en las conversaciones con Javier procurábamos nombrarlo como Don Carlos, después de todo merecía nuestro respeto…

Seguimos conversando a lo largo de la noche acerca de su vida, me advirtió que de repente apagarían la luz, acostumbran hacerlo a las diez de la noche y estábamos cerca  de esa hora.

Don Carlos seguía conversando, me contaba tantas cosas de su vida y no obstante la diferencia de edades, teníamos muchas cosas que recordar, calles, plazas, cines, bares, etc., pues así teníamos conversación para rato, en aquel sitio teníamos que conversar, de otro modo nos hundíamos en nuestros problemas y de seguro era para terminar loco…

Ya bien avanzada la noche, luego del ritual darse vueltas en la cama y de muchos recuerdos callejeros, Don Carlos me dijo:

-         Ahorita llega “el sastre”

-         ¿El sastre?

-         Si, el sastre, ¿no te das cuenta lo que quiero decir?

-         No, ¿Qué?

-         El “sastre”, el sastre es el que cose los ojos, ¡ya verás!

-         ¡Ah!  El sastreeeeee, ja, ja, ja, jaaaa

-         Bueno, a dormir muchachos, mañana hay mucho que trabajar… ¡Ah qué rico sueño! ¡Pucha que estoy cansado…! Dicho eso se quedó dormido y a los pocos minutos ya roncaba como un cerdo…

 

No podía conciliar el sueño, pensaba acerca de todo lo sucedido, comencé a recordar y analizar a cada uno de los que había conocido y me decía: “Estos cojudos no deberían estar acá rascándose las bolas, no hacen nada, deberían tenerlos construyendo carreteras, colegios, hospitales, por supuesto remunerándoles por el trabajo. ¡Pobres diablos! Lo único que han aprendido a lo largo de su vida es robar, matar, de allí que resultan cogoteros, monreros, escaperos, vagos, caen a la cárcel y de aquí salen más expertos y perfeccionados, otros resultan maricones.

Total, la vida depara muchas sorpresas, pero realmente no estaba de acuerdo con esto, pensaba que en ese momento en el mundo estaban los reyes en sus bacanales, los jerarcas en sus orgías y los curas en sus “reformas”, los inconformes en sus revoluciones sin fin, lo neto sería una reforma radical y a falta de poder realzarla radicalmente, por lo menos debería hacerse escalonadamente, y es así que deberían construirse cárceles adecuadas con personal preparado para llevar al interno hacia una rehabilitación progresiva y constructiva y no a una podredumbre apoteósica.

A las dos de la mañana más o menos, sentí que Don Carlos se levantaba y salía silenciosamente, me puse en guardia y sinceramente me asusté, no desperté a Javier, pensé que todavía podía traicionarnos, allí había que desconfiar hasta de tu hermano, por poco dinero o alguna ropa son capaces de cualquier estupidez, pero me cercioré del garrote y pensé: “Al primer cojudo que se acerque le rompo la calavera y le parto el alma.

Mas todo fue vano, Don Carlos regresó a los pocos minutos, siempre silenciosamente como salió, cerró bien la celda y se acostó, mientras yo estaba “ojito” a todo y así definitivamente me di cuenta que estaba equivocado, él no se percató que lo estaba espiando, la luz estaba apagada, total todo fue solo una “falsa alarma”.

A partir de ese momento “el sastre” quería asaltarme definitivamente y me quería zurcir los ojales, poco a poco mientras aún pensaba…

Tenía problemas de frío en los pies, los mismos que se encontraban sobre un ponchito delgado, prácticamente sobre el piso de concreto, helado y castigador, totalmente frío, toda vez que durante los veinticinco años de construido el penal no había recibido un rayito de sol, solamente agua y agua, frío y hielo, menos mal que la puerta estaba protegida con latas y cartones, las mismas que Don Carlos había conseguido de a pocos, durante el tiempo de su condena.

Recordé el caso que me contó Don Carlos, acerca de un primerizo que al llegar a la cárcel se alojó en su celda y al promediar las 7 u 8 de la noche salió a dar una vuelta y ver televisión, tenía deseos de ver TV y Don Carlos le dijo que lo dejara para otra ocasión y el muchacho hizo caso omiso e insistió en ir a la TV., un aparato instalado en el tercer piso propiedad de uno de los internos, el mismo que cobra un determinado precio por permitir el ingreso a su celda, era como tener cine en prisión, la única comodidad de la que se puede disfrutar. Bien, volviendo al tema, cuando el muchacho se encontraba a la altura del segundo piso, según él contó después, en el segundo escalón de las gradas que daban acceso al tercer piso, le echaron una manta encima y una vez en el suelo le golpearon y desnudaron completamente, le quitaron toda la ropa, la única que tenía al ingresar al penal y así desnudo y llorando bajó a la celda de don Carlos, quien le consiguió unas ropas viejas, y cubierto con ellas vivió el resto del tiempo que le tocó vivir en el penal, sin haberse llegado a enterar quienes le robaron su ropa y le propinaron una soberana y gratuita paliza. Los que le conocieron dicen que las ropas las usaba un tal “rata” y otro apodado “albañil”, seguramente fueron los que le hurtaron o posibles compradores  de los que fueron los verdaderos autores de aquel delito en cana.

Era un relato lamentable pero es la experiencia vivida allí, ya que suceden cosas inverosímiles, por ejemplo aún recordaba  lo que me relató “monito”, acerca de cómo uno de sus amigos murió en la cárcel, por una frazada y ropas viejas.

Ahora sí creo que llegaba el “sastre” y no obstante el fuerte frío al fin pude conciliar el sueño, me abrigué con lo que pude, ya que Javier había jalado las frazadas, como dueño que era, yo solo las estaba “gorreando”, tuve que consolarme con taparme la barriga. Realmente es una desgracia caer en aquello, el resultado: una fuerte afección pulmonar o en el mejor de los casos bronquial, nada más…

Antes de cerrar completamente los ojos, pude todavía lamentarme de aquello y maldecir la hora en que di lugar a que me manden al “hueco”, a esta triste covacha de concreto, con nauseabundo olor a mierda y meado.

¡Qué tal noche! Ni un periódico para taparse, me la pase de “tira y jala” con Javier hasta que me cansé y le dejé de hacer competencia…

-         ¡Yaaaaaa!, ¡a levantarse!!

-         Culeao de mierda, deja dormirrrr, rezongó Javier. Si chico, déjalo dormir, seguro está cansado, ayudó Don Carlos.

-         ¡Ay, ay, qué dolor de riñones! Exclamé al tiempo que me incorporaba de aquel montón de trapos, me hacían recordar la cama del perro de casa, donde crecí de niño.

-         ¡Claro, tiene que dolerte!” la falta de costumbre y el colchoncito, ja, ja, ja…

-         Si claro, además sufro de la riñonera y me tocó dormir así como animal, en fin, tendré que soportar ¿qué más queda?, conformarse…

Me puse los zapatos y comencé a hacer algunos ejercicios calisténicos, a fin de combatir el frío de la celda y del ambiente.

-         ¿Qué querrán hacerme hacer estos cojudos conmigo? ¿Qué querrán? ¿Asesinarme? ¿Asesinarme mierda!

Había momentos en que me desesperaba y hubiera querido tener puños de dinamita y volar aquella ratonera, golpearla. Una noche lo hice, brotó sangre de los nudillos, mientras las horas se eternizaban, a veces volaba con la imaginación, me sentía volar y miraba hacia abajo y veía la cárcel como desocupada, limpia y agradable, pero retornaba a la realidad ¡Qué cojudez!

Anoche creo que llovió y como no existen vidrios en el techo, el agua se ha filtrado a través de los huecos que hay, observé al abrir la puerta como deseando entrara un rayo de sol. ¡Sueños, sueños!

Todo el techo del pabellón de celdas de sentenciados es una enorme armazón, completada con infinidad de vidrios, dando la impresión de ser un enorme escaparate hacia la libertad, o para que las poblaciones celestiales admiren la brutalidad del hombre contra la humanidad. Es un escaparate a manera de invernadero y efectivamente tal cosa es, ya que allí el hombre está invernando, ya que los vidrios no existen, quién sabe años atrás si, ahora ya no. Brillan por su ausencia, total ¿a quién le importa?

-         Y sigue lloviendo, ¿sienten? – agregó Javier, que por el tono de su voz recién había despertado-

-         ¡Bah! Eso no es lluvia, son los meones del segundo y tercer pisos que por flojera de ir a los baños orinan por los balcones y cae al corredor central. Esos mean donde les da la gana. Uno tiene que vivir aquí aguantando las pestilencias de estos cojudos, agregó en tono colérico Don Carlos.

-         Al salir hacia el corredor, noté que ya la mayoría de internos estaba despierto, una gran parte de  ellos ya estaba cerca  a la puerta de acceso a la rotonda, esperando ansiosamente que dicha reja se abriera, a fin de salir a gozar de los rayos solares, que al pabellón de celdas no entraban ni de chiste.

Incluso había unos que formaban una cola para ser los primeros en salir, mientras Don Carlos agregó:

-         ¡Qué frío!, anoche heló, ¿sintieron la helada Uds.?

-         Por supuesto, pero lo que más me incomodó fue la dureza de la cama.

-         Bueno, ya se acostumbrarán

-         ¡Ey Javier! Tenemos que ir donde “Flecha”, a devolverle el radio que nos prestó anoche

-         ¿Se los ha prestado?

-         ¡Si! respondí, sorprendido por la pregunta,

-         Bueno, Flecha acostumbra fletarlo a diez soles por noche, en fin, él sabe lo que hace…

-         ¡Ya!, arreglemos la cama pronto.

-         Si, hay que arreglarla, tal como lo hago yo, al entrar por la tarde, los primeros que entran con un alambre pueden jalar lo que encuentren al alcance, lo hacen a través de los barrotes y los dejan calatos, total… ¡se joden Uds.! Bueno, vayan, mientras arreglo las camas, mañana Uds. lo harán igual. Ya… ¡vayan, vayan…!

-         Gracias Don Carlos, gracias…

-         Al salir notamos que algunos estaban esperando en la puerta, todos ellos con atados, seguramente para que Don Carlos los guarde en su “segura” celda.

Igualmente al acercarnos a la celda No. 1 de “Flecha”, notamos la presencia de internos en actitud de espera, después de todo daba gusto saber que existían sitios seguros en aquella cárcel, menos mal, sino “la canción criolla…”

Al abrir “Flecha” la puerta de su celda, los cholos se abalanzaron, a fin de ser los primeros en guardar sus atados de valiosas pertenencias y dejarlas menos expuestas, las iban acomodando prolijamente unos sobre otros y se iban a formar cola con una sonrisa de satisfacción, al saber que sus cosas estaban seguras y que a la noche dormirían con abrigo y no de frío, calatos.

-         ¿Qué tal durmieron, eh?

-         Como reyes, menos mal y dejamos las casacas en la 26, no ves que entramos a las 5 y temprano no hace mucho frío afuera en la pampa. Luego nos abrigamos, ahora no hay necesidad y lo peor es que podrían robarnos si nos descuidamos, si sentimos frio, pues aguantar, no queda otra.

-         Ahora qué hacemos para el desayuno, ¿en qué…? terció Javier.

-         No se preocupen, les prestaré cacharros, total yo no como esta basura, me hago traer comida de la calle, esta comida me pudre la barriga, me enferma… Me buscan después afuera, ahora vayan a formar su cola. Ah, ¿qué tal se portó la vieja?

-         Como cuete, parece buena gente, ¿no?

-         Claro, es una vieja generosa, ¿no se lo han culeao?

-         Bah, no hables cojudeces, ¿cómo se te ocurre?

-         Ja, ja, ja, ja estalló en risas Flecha…

-         Ah, aquí tienes la radio, muchas gracias, funcionó bien. ¿Vamos Javier?

 

 

UN NUEVO DIA

Formamos en una de las colas, la misma que empezó a avanzar hacia la rotonda, al transponer la reja, a mano derecha, se encontraba la capillita anteriormente descrita, ante la cual se detenían algunos a orar, otros para encender unas velas, que acompañaban con plegarias. Al observar a aquellos hombres, creía imposible que fueran delincuentes. Nos dirigimos urgentemente a tomar nuestra ración de rayos solares, ya un poco  más confiados que el día anterior.

Pasamos al patio y nos dirigimos a un sitio donde poder calentarnos. Luego de haber estado invernando durante toda la noche, en el cuchitril que nos asignaron como celda de permanencia.

La rayos de sol caían tenuemente sobre la pared, que era el horizonte tras el cual se ocultaba el sol en las primeras horas de la tarde, ante esa pared nos paramos, frotándonos brazos y manos, especialmente yo, porque tenía una camisa delgada y de manga corta, conversamos, cambiamos impresiones acerca de la noche y a la vez estábamos atentos a la aparición de “Flecha”, a fin de que nos preste  “cacharros” para tomar desayuno, suponiendo que ya ese día nos correspondía ración completa. Apareció “Flecha” con un cepillo de dientes en la boca y una toalla al cuello, traía además en manos un pequeño lavatorio, el mismo que nos entregó diciendo:

-         Aquí pueden sacar sus dos raciones juntas ¡arréglense!

Uno que nos observó se acercó y dijo:

-         ¡A buen palo se arrimaron eh?

-         Ah sí…, así creemos, le contestamos con tranquilidad.

-         Claro, y así como le han visto aparecer ahora lo ha hecho durante cuatro años y medio, desde que entró a “cana”, es buen futbolista y muy respetado por todos, están Uds. con suerte y se alejó repitiendo las palabras: suerte… suerte…

Cogiendo el lavatorio entre manos, en medio de sonrisas observamos la amplitud y apariencia del “Cacharro”, nos plegamos a la cola que ya estaba por terminar, para pasar paila y así recibimos dos cucharones de humeante café y un par de colisas cada uno, un pan cuadrado muy popular, de buen tamaño y más o menos agradable.

Nos turnábamos para sorber café, al mismo tiempo que mordisqueábamos las colisas, trozos de pan fresco, con cariñoso olor a libertad, a paz, humildad. Quizá daba un poco de asco comerlo allí, pero teníamos hambre y los estómagos estaban vacíos y fríos.

Transcurrido un momento y “Flecha” ya estaba de regreso, nosotros ya habíamos terminado nuestro desayuno y el cacharro ya estaba limpio.

-         ¡Vamos muchachos? Vamos al taller, allí guardaran el cacharro y todos los días van a sacarlo, allí hay también un tenedor y con el podrán comer ¡arréglense!

-         Caminamos junto a él y vimos que casi todos tenían en su diestra un jarro, otros una lata vieja o nueva, algunos tenían cacerolas mientras mordisqueaban pan, complemento del frugal desayuno del penal.

Era viernes 10 de Julio del año… preveía que el día transcurriría igual al anterior, salvo…

A eso de las diez de la mañana me acerque a la zona de los canasteros, en dicho sitio se encontraban amontonados los fabricantes de canastas, pude notar un buen número de ellos trabajando bajo una ramada, construida de caña brava, entre unos atados del mismo material colocados a la sombra a fin  que no se sequen. Allí se encontraba Don Carlos, ensimismado en sus pensamientos, a su alcance tenía una serie de paquetitos, cacharros, atados de ropa, etc.

-         Buenos días Don Carlos

-         Buenos días

-         Y, qué tal, ¿ya desayunó?

-         Claro, como siempre, como todos los días, aquí las cosas no cambian, siempre nos dan la misma cojudez en el desayuno. ¡Ah! Pero cuando sea libre, me voy a dar unos atracones…, me las cobraré toditas…

-         ¿Esta es su choza?

-         No, es de aquel canastero, dijo señalando a un serranito que se encontraba trabajando un poco más a  la derecha, tendría aproximadamente unos 55 años de edad, estaba conservado, tenía ya cinco años en cana por abigeo, había cometido robo de ganado y estaba purgando una condena todavía no dictada, mejor dicho estaba esperando el juicio y lógicamente una sentencia, esperando, esperando… lo que miles de internos hacen en las cárceles peruanas, esperar…

-         Qué tal, cómo está Sr. Delgado, me dirigí a un señor que era compañero del celda de Rodríguez, el caporal general, ¿me recuerda Ud.?

-         Bueno, ah ya… ¡claro que sí! ¡Que tal chico, por qué estás aquí?

-         Por un asunto confuso, ya arreglaré pronto, depende de un pequeño trámite.

-         Qué bien, pues si te quedas un bien tiempo por aquí, te acostumbras, y después la canción…

-         No creo que duraré mucho, ya saldré…

-         Qué tal dormiste, ayer te vi con el “Flecha” ¿es tu amigo? Preguntó dirigiéndose a Javier

-         Si, le respondió a secas

-         Mucho gusto… Carpio, ¡ah! Y ¿porque te hicieron la cana?

-         Por pedir la prueba de amor, espetó Javier.

La conversación siguió siempre alrededor del tema de la cárcel y los motivos por los cuales nos encontrábamos en ella, él nos contó sus problemas y nos habló de un amigo que le decían “Chato”, el mismo que por torcido y traidor lo hundió más en cana.

En la vida no hay que confiar ni en los amigos más íntimos, son los que más lo joden a uno cuando lo ven caído.

Nos separamos de él, cuando Delgado con otro compañero de piso conversaban

-         ¿Te diste cuenta lo que sucedió anoche en la sala de TV?

-         Si, pobre chico, entre el “Judío” y el “Gringo” lo sacaron, uno tenía el fierro en la mano e iba detrás del chico y el otro iba abriendo camino, nadie movía un dedo ¿cómo es no?

-         Estos son unos desgraciados, no pueden ver a una persona desamparada que inmediatamente proceden como animales, una sarta de homosexuales, maricas y cogoteros.

Yo estaba un poco lejos pero no tanto para poder escuchar la conversación entre Delgado y su amigo.

-         Pucha, qué brava la cosa, entre los dos lo “piroguearon” y ahí quedó la cosa, el chiquillo regresó más tarde, solo y llorando… ¡Pobrecito!

-         Eso no es nada, ¿te contaron lo del mes pasado?

-         Nooo ¿de qué?

-         Un par de cojudos que se agarraron a chavetazos y todo por una frazada.

-         Mira, el “cholo” siempre palomilla y jodido, aprovechó que el “gato” estaba en la TV. Fue a la celda del segundo y le robó algunas cosillas, le mandó ganzúa al candado, que se yo, lo cierto es que…

-         ¡Carajo! Quién mier… me ha tirado las cosas de mi “saito” ¿Ah! Quién carajo, ¡Tú! ¿A dónde fuiste cuando saliste de la TV?

-         ¿????

-         A ti te estoy hablando “cholo” de mierd… no te hagas el huevón

-         Ya, ya, por las puras no me dicen “cholo mataporgusto”, no te busques más problemas de los que ya tienes, yo no te he robado nada…

El “cholo” se violentaba más y sacó a relucir inmediatamente los puños (¿violencia de culpable?) desafiando al “gato”

Ambos fueron al patio que estaba por delante del pabellón  de celdas y al pasar por su celda, parece que el “gato” sacó algo por la ventana y luego se persignó e inmediatamente hizo lo propio el “cholo” pensando que el “gato” cogió una ·vaina que tenía escondida en la ventana de su celda, lo cual fue erróneo, según se supo después. Lo que hizo el “gato” fue tocar una medalla religiosa que allí tenía y por eso luego se persignó.

Pelearon a puño limpio, el “Gato” ganaba y en un momento de desesperación el “Cholo se vio perdido, sacó la “vaina” y tajeó a su contrincante, que cayó al suelo como un costal de papas, ante la mirada atónita de sus compañeros, quienes creyeron que solo estaba atontado por efecto de algún golpe recibido, no se dieron cuenta de la “vaina”. Se acercaron los amigos del “Gato”, entre los cuales estaba el que me contó esto y al tratar de reanimarlo notaron que sangraba profusamente, llamaron a los guardias que hasta ese momento “ignoraban” todo lo sucedido, ya que les podían “regalar” a ellos mas  su “ración”. Luego de algunas dudas, los guardias procedieron a sacar el cuerpo del “Gato”, quien dejó de existir a falta de atención médica, en alguna de las salas existentes en el pabellón de oficinas del penal. Después me enteré que nadie lo quiso llevar al hospital que se encuentra cerca al penal, a una cuadra, argumentaban que se ensuciaría el carro u otras razones estúpidas, total, murió por razones que el lector deducirá de lo leído.

-         Mira que no sabía esto, yo llegué a presidio recién hace cinco días, las cosas se “olvidan” rápidamente ¿no? ¡La memoria es muy frágil, eh?

Todo lo escuché mientras esperaba que empiece el partido, ya los equipos se encontraban en la cancha, listos para la contienda.

Transcurrido el partido, promediando las 11.30 de la mañana, luego de tomar unas “cervecitas” del penal, (chicha de frutas, cascaras, etc., fermentadas, muy apreciada por los internos), nos dirigimos al taller donde solíamos encontrarnos con “Flecha”, a fin de conversar e informarnos acerca de lo que tenía programado para el resto del día

-         Buenos días señores

-         Hola, contestaron algunos a secas

-         Qué tal Flecha, ¿Qué cuentas?

-         ¿Jugamos futbol más tarde?

-         Podría ser, pero no tengo chuzos

-         Eso no es problema, el club te da todo, claro si juegas bien, je, je, je, je

-         Bueno repuse, si es así pues vamos…

-         ¿Dónde jugaremos? Repuso Javier

-         Vamos a “sentenciados”, representando a “cañitas” el equipo de los canasteros, ellos corren con los gastos.

-         Ah, qué bueno, ya que la cancha de aquí no me gusta nadita, es muy pesada, mientras que la otra está bien “asentadita”

-         Es que ellos la riegan, la cuidan, a los de aquí no les importa mucho, la mayoría está de paso… en “sentenciados” son más estables, ja, ja , ja, ja

-         Nos enfrentaremos al “Strong”, el partido es a las 3 en punto.

-         Llanto de un campanario, contesté…

Seguimos conversando sobre diversos temas, sobre todo culturales que eran los que más inquietaban al “Flecha”, también deportivos, políticos y también bromeábamos con chistes de los buenos y otros malos. Llegada la hora de “pasar paila” le pedimos a “Flecha” el cacharro, además Javier se procuró una vianda para sacar raciones separadas, pensando que así nos iría mejor.

Al toque del pito del empleado, automáticamente un grupo de presidiarios se pusieron en cola, los que se encontraban en las inmediaciones de la ventana de reparto, los más ansiosos a la hora del rancho, tenían hambre, lógico. Como no teníamos más que un recipiente, fuimos a la ventana y recogimos refresco, para luego de lavar el cacharro ir por el guiso, ya que la sopa era un preparado capaz de deteriorar cualquier estómago, hasta de un perro, la mayoría de internos se quejaba del estómago y le echaban la culpa a la sopa que de nada servía. Lo que más me llamó la atención el día que llegamos como nuevos y nos dieron un poco de arroz con unas cebollas fritas, también repartieron plátano, pensé que daban fruta todos los días, mas ello no se volvió a repetir en el tiempo que estuve en esa “residencia”.

Luego de tomar nuestra ración de “alimentos” procedimos a lavar los cacharros para devolverlos a sus dueños y luego tener conversación gratis. Alrededor de las dos de la tarde nos cambiamos de ropa, nos pusimos la deportiva. Primer día que me quitaba la ropa de encima, no lo hice ni para dormir ya que con ello me sentía más abrigado. Nos pusimos el uniforme deportivo del “cañitas” y dejé mis vestimentas en el taller, con cierta desconfianza, pero no había otra alternativa. Bajamos a solicitar permiso al guardián a fin de pasar al “otro lado” para jugar el partido de futbol, lo que logramos rápidamente.

Al llegar a la cancha, nos pusimos a pelotear, probando tiros al arco, a la vez que probábamos a nuestro arquero, un gordito caroso, justo esa era su alias, “caroso”, quien demostró tener aptitudes para desempeñarse en los tres palos. Con los jugadores venía el “dientes”, el mismo que era un calificado árbitro. Luego de las recomendaciones de costumbre a los capitanes de ambos equipos, por el nuestro lo representó “Gato”, yo me situé como punta de lanza, a la izquierda un muchacho desconocido, en la defensa “Flecha” y Javier, ambos muy buenos y en el arco “Caroso”. Sonó el pitazo, señal de inicio del partido y empezaron las acciones. Gol por aquí, gol por allá. Resultado del partido: Cañitas 18, Strong 5, de los 18 de Cañitas me hice cargo de tres, los mismos que anoté en el segundo tiempo, ya que en el primer tiempo no pude desempeñarme correctamente, debido a un foul de un contrario, total, lo hacíamos por deporte. Terminado el partido “Flecha” y Javier se bañaron, mientras yo me abstuve, no por antihigiénico sino por encontrarme con un fuerte resfrío y temía lo peor, debido a las condiciones de vivienda que teníamos, de modo que opté por un refrescante lavado general.

Luego del aseo procedimos a “pasar paila” en sentenciados, ya que en inculpados ya habían cenado más temprano. En cacharros prestados bebimos apresuradamente el café para luego atacar el guiso, el mismo que fue mejor que el almuerzo, parecía que en el otro lado nos llevaban “bronca” por ser nuevos o por qué se yo. 

Posiblemente ese sea el motivo, ya que uno de los que siempre estaba en el reparto de la comida, al otro lado del mostrador, era el “judío”, no nos miraba con buenos ojos e incluso en una oportunidad le echo “lente” a mi casaca que le gustaba, diciendo: ¡Qué buena casaca carajo!

Al momento de ir a los mugrosos lavaderos a lavar los cacharros, escuchamos como un recluso de más o menos 24 años, explicaba a otro, la “mala suerte” que tuvo al ser cogido en una de sus correrías como “escapero”.

-         ¡Pucha viejo! Le afané el “cantor” (léase radio) y enganché en velo…

-         ¿Y?

-         Parece que ella no se dio cuenta de quien fue, se quejó a un “tombo” y señalaba en cualquier dirección, así que el “verde” empezó a hacer sonar la “sonaja”, yo no corría, caminaba tranquilo, la sonaja seguía acercándose, yo pensaba que si echaba a correr, el “tombo” me detiene, pero la sonaja se acercaba más y más y no tuve más remedio que correr, con la mala suerte que por los sitios por donde iba, los verdes estaban sembrados, parece que se concentraron por allí y “bandangán” me hicieron la cana, ni modo…

Terminé de lavar los cacharros me alejé del sitio  de aquella conversación, para luego formar cola para ingresar a los “dormitorios”. Nada anormal, todo igual que el día anterior, hasta el momento de encontrarme con “Flecha”, a la entrada de su celda, allí:

-         ¿Y?

-         Aquí otra vez para ir a dormir.

-         No caramba, vengan dentro de un rato, jugaremos a las cartas y haremos té, ok?

-         ¡Ya, listo!

Regresamos a los quince minutos, ya “Flecha” se encontraba jugueteando con “León”, un perrito de color beige, raza mediana y orejitas paradas, semejantes a las de un zorro, pesaba más o menos seis kilos. Ambos se encontraban sobre dos camas que ocupaban el integro del ancho de la celda, dejando un espacio pequeño para unos banquitos de madera hechos en la cárcel. En el lado izquierdo, por la entrada, había una cocina “primus” y una cacerola en la que supuse harían el té, además tenía cuatro o cinco jarros de medio litro, todos ellos desportillados y manchados, seguramente por las innumerables veces que habían sido usados para beber la infusión mencionada.

Recorrí la vista por sobre las camas y observé un gran desaseo, no obstante ser una de las mejores celdas. Frazadas unas sobre otras. En la cabecera, a medio metro de altura, había unas repisas pequeñas, una con un pequeño cajón, seguro allí guardaba hilos, agujas, etc., las paredes y el techo estaban empapelados con figuras de bailarinas, estrellas de cine, futbolistas y cuanto recorte pornográfico cayera en manos del dueño, recreo para la vista mal y bien intencionada, y también para otros fines, entre ellos el “placer solitario”, el mismo que era muy mencionado en las conversaciones.

Nuestros zapatos estaban al alcance y sobre la cama, ya que había que tenerlos cerca como ceniceros, no vaya a ser que “caminaran solitos”.

“Flecha” se irguió sobre la cama del cajoncito de la repisa, sacó unos desvencijados casinos por las muchas noches de juego. Al barajarlos se doblaban en dos, pero aun se notaban los números, letras y figuras. Sentados a la manera hindú, sacamos de nuestros bolsillos el poco sencillo que obraba en nuestro poder, que serviría para las apuestas, de real, veinte, cuarenta o cincuenta “soles”, la imaginación funcionaba a velocidad.

Llamaron a la puerta, la misma que también se encontraba forrada con cartones y latas, uno de los compañeros del “Flecha” la abrió y exclamó:

-         Ah. El “sonso”

-         Que pase, que pase, dijo otro.

-         Hola sonso, ¿cómo estás? Llegas a tiempo para preparar el tecito.

-         Bueno, lo haré, solo me castigo…

-         Tú, Tomás, dijo “Flecha” a otro de sus compañeros, el mismo que no jugaba, vas al tercer piso y compras diez panes con mantequilla, al mismo tiempo que le alcanzaba el dinero suficiente para la compra.

-         Ok, ahorita vuelvo…

Comenzamos a jugar a la espera del ansiado tecito y pan.

Juego y más juego, té con pan y luego la hora de retirarse a las celdas.

-         ¡Vamos Javier! Dije a mi compañero de celda.

-         Bueno, vamos…

Nos retiramos despidiéndonos de los compañeros de juego y de “Flecha”, a quien agradecimos por todo, especialmente por el tecito con canela y anís, además de una hierbaluisa que estuvo muy agradable y sentadora.

Cruzamos el corredor del primer piso y llamamos  la puerta de Don Carlos, el mismo que entre protestas mal disimuladas procedió a abrirnos. Encontramos nuestra camita ya lista, nos arropamos  entre las frazadas y a dormir, esperando el día siguiente, uno más de rutina.

Pasó el sábado sin gran novedad, a la espera del domingo día de visita, día muy esperado por todos aquellos que tenían familiares o alguien que de ellos se acuerde.

A las nueve de la mañana dieron pase a los visitantes varones y a las tres de la tarde a las mujeres. Todos se reunían en la rotonda, sitio obligado según el reglamento de la cárcel, allí mismo se observaban los trabajos realizados por los internos: zapatos, juguetes, mesas, sillas, bancos y cuanto pudiera hacerse con el escaso material que dejaban introducir al penal, las paupérrimas herramientas de que disponían algunos,  adquiridas con gran esfuerzo y el casi nulo aliciente para el trabajo.

Se vendían números de rifas, eran para sortearlos el día del preso, el siguiente domingo. El “dientes” se dedicaba a vender gaseosas, otro vendía empanaditas o sándwiches, que seguramente algún familiar le traía para tal ocasión, alguien voceaba sus artículos, podrían ser juguetes o cualquier otra cosa vendible entre los visitantes, deseosos de colaborar o que pudieran tener interés en lo que allí se mostraba.

En los altos, por las rejas de los talleres que daban  a  la rotonda, se arremolinaban una serie de rostros desconocidos, eran los que no tenían visita y se distraían observando a los favorecidos, para después “gorrearles”

Javier tuvo visita, toda la familia en pleno, entre ellos me senté a compartir alguna vianda y con Don Carlos procedimos a ayudarle a llevar lo que quedaría: ropa, fruta, diarios y otras cosillas. Javier tenía suerte de que su familia se acordara de él, otros no disfrutaban de esa ventaja ni beneficio.

Luego nos dispusimos a pasar paila, por ser domingo a veces daban algo agradable, nunca es bueno despreciar la comida, formamos la cola, era algo que hacíamos casi automáticamente, luego lavar los cacharros  entregarlos a su dueño, era la rutina de siempre.

Después formar la cola para pasar a celdas, jugar a las cartas, tomar té con pan, dormir y esperar el día siguiente, otra rutina que se repetía día tras día.

La vida era idéntica todos los días, hasta salir libres alguna cercana o lejana fecha, algún día lo serán todos los que allí se encuentran, a su debido tiempo o momento que le dé la gana a quien corresponda otorgar tal libertad. Unos volverán, otros primerizos; otros ya conocidos en “casa”, algunos no saldrán vivos, allí no hay seguridad de lo que pueda suceder, mucho más seguro se encuentra a veces uno en las calles de la ciudad que en la cárcel, es paradójico, una realidad paradójica.

La vida sigue su curso, la vida también está “encanada”, esperando su libertad, libertad…

 

Epílogo

Hasta ahora todo ha sido puramente descriptivo, dialogado y breve, solo se ha descrito unos días de la realidad carcelaria, lo necesario, lo que corresponde a un ensayo. Escribir algo más, aparte que demanda una gran cantidad de tiempo, supone otro tipo de empresa y no es lo que me propuse, solo quise dar a conocer lo que sucede con alguien que ingresa a un penal y se enfrenta a una realidad desconocida y agresiva.

Lo cierto es que allí en la “cana”, como casi todos llaman a las cárceles, que mas bien deberían tener un nombre como “Centro de Rehabilitación” o algo parecido, hay gente que si tuviera una adecuada orientación personal de profesionales, con profundo sentido de dar al hombre el sitial que le corresponde, aprovechar su amplio poder de captación y aprendizaje y su poder de discriminación en lo que es útil (bueno) y lo inútil (malo) para ellos mismos y la sociedad y a la vez la capacidad de  readaptarse, creo que las estadísticas nos hablarían  de una menor reincidencia delincuencial.

Las veces que conversamos con internos, con los que allí estuvieron e inclusive con algunos miembros de la Guardia Republicana, la encargada de resguardar el orden interno de los penales, como también otras misiones en frontera, etc., me quedó claro que ellos distinguen perfectamente entre lo bueno y malo, mas uno de estos grupos tiene su propia forma de vivir, su manera de conseguir lo que buscan, no aprendieron otra, lamentablemente utilizaron sus habilidades para ello y construyeron una escala de valores adecuadas según la ocasión, pero según ellos, no les quedaba alternativa, tendrían que volver a aprender lo mal aprehendido.

Muchos de ellos no querían seguir haciendo lo que les llevaba a la cárcel, pero parece que no tenían alternativas, sea que estando afuera otros malhechores les buscaban, por ser más avezados o porque no tienen trabajo o quienes salieron ya están marcados con antecedentes y pues les sería imposible conseguir trabajo así, etc., etc.

Las causas del crimen, encontradas a base de estudios y estadísticas son: psicobiológicas y mesológicas o sociales, primando las segundas, por ser las que condicionan el desarrollo biológico y psicológico normal o anormal.

El profesor Pende nos habla de Biocriminogénesis y nos dice sobre lesiones meningo - diencefálicas  y J. Delay y Tourney nos habla de Encefalosis criminógena, con un 49% de incidencias en adultos y 20% en jóvenes delincuentes y resumiendo lo que sostienen podría decirse que: “Toda manifestación fenoménica del individuo, es la expresión de procesos que interesan los tejidos, humores y la conciencia.

También se habla de hiperfunción hormonal, pero también debemos anotar que la Escuela ambiental Francesa, con su máximo representante el Dr. Aurelio Lacassagne dice: “Cada sociedad tiene los delitos que se merece, en consecuencia se considera al delito como el resultado de las fuerzas influyentes del medio ambiente, el delito es un producto social y no puramente biológico. Al vernos frente al delito,  nos encontramos  frente a un fenómeno social que es promocionado dentro de las sociedades decadentes y regímenes de consumo, especialmente en sociedades de clases distanciadas y con brechas amplias entre ellas.

Vendría a ser lo que ha venido en llamarse "corrupción", es decir la descomposición de un sector social que se dedica a ofertar dinero a otros por favores específicos, por ejemplo una empresa determinada desea conseguir la buena pro de un contrato o de la venta de ciertos insumos entonces consigue relacionarse con los encargados de las compras o de firmar al contrato y le ofrece ciertas sumas de dinero por conseguir esa preferencia.

Una vez logrado el objetivo, la empresa pagará lo ofrecido y tendrá pues la preferencia en el otorgamiento del contrato,. Esto presupone por un lado el corruptor y por el otro el corrupto, de manera que uno sin el otro no pueden existir.

Podría ser que también surge la iniciativa de parte de ciertos elementos de un gobierno, de ofrecer la preferencia a determinada empresa, la más segura de conseguir realizar determinado trabajo o venta y pues si hay acuerdo se realiza la transacción delictiva, de otro modo intentará con otra empresa, de allí que más tarde algunos de los concursantes están enterados del porqué no ganaron la buena pro y hasta suelen denunciarlos.

Todo esto es algo que está allí en la conciencia de ciertos individuos proclives al delito, a ganar dineros fáciles, eso es "corrupción", algo que está dándose de manera muy sutil, disimulada pero de seguro que es algo que está latente en muchas acciones gubernamentales, sobre todo en logística.

El crimen en todas las sociedades es algo concomitante al cambio, las causas de la delincuencia deben buscarse no tanto en el individuo como en los trastornos del mundo circundante, político y social. Cada sistema de producción tiene los delitos que se merece y es así que:

El fenómeno se da con mayor frecuencia entre los desposeídos y muy raramente entre los acomodados, pero se da y esto debido a la presencia de una clase dominante y otra sojuzgada, oprimida, explotada. En sí, la pobreza no es un factor exclusivamente delictógeno, sino que intervienen otros factores que posteriormente señalaré, valiéndome de la ayuda de estudiosos y científicos en la materia. La sociedad de consumo publicita exageradamente productos fuera del alcance de las clases desposeídas, algunos miembros de estas clases, son vulnerables a los métodos que utilizan, para conseguir aquello que ellos consideran inalcanzable y optan por la delincuencia, tendrían que aprender  nuevas normas y respeto a la propiedad privada, como también establecer umbrales de tolerancia extremos, que quizá les impida apropiarse de lo ajeno, pero les procure sufrimiento y resentimientos, frustraciones y patologías psíquicas, que les llevaría quizá a nuevas formas de tomar revancha de una sociedad injusta.

Sin embargo es la clase pudiente, aquellos que están posicionados en las altas esferas sociales y económicas, también en las políticas, las que utilizan el disimulo para cometer delitos financieros, en contratos, en compras de vituallas quizá en las fuerzas armadas, en la exportación, es decir poco a poco se ha venido copando sectores que antes quizá eran mas fiscalizados, pero que hoy resultan más vulnerables a la presencia y accionar de ciertos delincuentes, que logran incrustarse en las elites políticas, de tal modo que resultan más delincuentes que políticos, lo cual es solo una máscara.

Crimen es todo acto que choca vivamente con la conciencia colectiva del grupo y provoca una reacción contra su presunto autor. Se dice “choca” y “provoca reacción” pero nos hemos puesto a pensar como partículas sociales. ¿No tenemos algo que ver con el crimen? ¿No somos acaso los que promovemos indirectamente el crimen? Sosteniendo, fertilizando las causas genéticas y desarrollo del mismo, manteniendo en su estado actual a una sociedad hipócrita, incapaz de llevarnos al desarrollo integral. Claro está que no hay sociedad sin crímenes, pero es posible depurarlos, mediante la eliminación de las causas de este problema social.

Para ello sería necesario un trabajo social muy penetrante, se tendría que acortar las distancias entre los que más tienen y los que menos poseen, porque justamente esa grieta social produce una diferencia, que es la que en cierto modo motiva a que unos se sientan menos y en el afán de poseer aquello que los otros tienen, entonces podrían estar cayendo en las tentaciones.

Pero hay quienes me dirían y qué entonces de aquellos que teniendo dinero  y posición, sin embargo vienen cometiendo delitos de función, digamos de Alcaldes, de legisladores, de ciertos ministros y/o funcionarios de confianza, que son los que justamente aprovechan su posición privilegiada para ser una especie de puente entre quienes quieren conseguir privilegios, siendo para ello necesarias las firmas de determinada autoridad o personaje para lograr hacerse de dineros, entonces existe ese sector intermedio que es el gestionados, el tramitador.

Es como aquellos secretarios de juzgados, que son realmente quienes se encargan de ofrecer a los litigantes ciertas salidas jurídicas, a cambio de dinero, los jueces confían en sus secretarios, quienes se encargan de ofertar, conversar y conseguir el dinero, el juez solo firmaría y listo el delito, que les procurará dinero a unos y beneficios al otro.

 

ETIOLOGÍA DE LA DELINCUENCIA

 

No son causas determinantes, pero si podrían ser que reunidas varias de ellas, en cierta manera, predisponen a que ciertos individuos pasen a formar parte de quienes luego se convertirían en delincuentes.

 

            a)   Crecimiento excesivo de la familia, debido a la falta de planificación familiar, especialmente en los sectores denominadas barriadas. 

            b)   Insuficiente y deficitaria educación, por la falta de medios económicos, en hogares en que los muchachos y/o las señoritas se ven obligados a “colaborar” con el incremento de la economía familiar, debido a las exiguas ganancias que obtienen sus padres en “sus centros de explotación”. 

            c)   Abundancia de prostitución y lugares de placer como: ferias, tabernas, salones de juego, etc. 

           d)   Vivienda poco espaciosa, originado también por la insuficiencia económica y por la propiedad mal repartida, no es raro ver a un señor de excelente economía, vecino de otro que por no tenerla, tampoco tiene vivienda, conformándose con una choza o algo parecido. 

           e)   Pobreza, es decir la riqueza mal repartida, mientras pocos tienen mucho, muchos tienen poco o nada. 

           f)   Falta de trabajo, ocasionado por factores secundarios o razones argumentadas por los patrones: falta de preparación, instrucción, etc., requisitos imposibles de cumplir, dentro de las posibilidades de una población en extrema pobreza. En una sociedad como la nuestra, existe entre los individuos una igualdad en las exigencias culturales, pero una desigualdad en la disposición y utilización de medios para alcanzar la meta o el éxito, debido nada menos que a la organización de una sociedad de clases, en grupos o estratos sociales que se encuentran en diferente posición. Como consecuencia de esta desigualdad, los ubicados en las posiciones más bajas de la economía social,  son los que están más expuestos a optar por el comportamiento desviado. No tuvieron los privilegios de los otros para educarse, ni recomendaciones o padrinos, para conseguir ingresar a una empresa u oficina pública, tal vez a un hospital o un ministerio.

          

       g)   Falta de adaptación al trabajo u oficio, derivado de la causa anterior, es decir poca experiencia en el desempeño de funciones, los que tienen recomendaciones por ejemplo, trajinaron de aquí para allá, conociendo de todo, aprendieron mucho y están listos para desempeñarse en cualquier función.

 

          h)   Urbanismo inadecuado, las barriadas marginales son muchas veces centros de abastecimiento de jóvenes delincuentes, debido a la paupérrima condición de vida que les ofrece su medio ambiente, insalubridad, ausencia de medios escolares, agua, desagüe, luz y en general comodidades que se pueden encontrar en los centros urbanos de mejores recursos. Estas condiciones crean personalidades ariscas, agresivas, potenciales delincuentes. Se dice que los barrios en donde las calles son pedregosas, de tierra, generalmente predisponen al individuo a tener ese tipo de carácter.

 

 

           i)    La diferencia de raza y nacionalidad, especialmente con las terribles consecuencias de la discriminación racial, tan discutida en la potencia del norte, pero que ahora se ha extendido a todo el orbe. Incluso en nuestra patria existe la falsa corriente de "cholear" o tratar de "indios" a unos, incluso por los apellidos o el color de la piel, siendo todo ello motivo para poder acceder a ciertos privilegios y trabajos, incluso a un sector de las fuerzas armadas, siendo eso también un causal, lamentablemente.

 

          j)     Medio familiar desfavorable, actúa como agravante en un medio familiar insuficiente o nulo (padre poco sociable, madre fallecida, vagabundeo), inclusive la ausencia de los padres en una casa, predispone a que los hijos opten por el camino fácil para conseguir dinero o que muchas veces podría llevarlos a cometer delitos, como pequeños robos o asaltos, para más adelante convertirse en avezados, consiguen armas o forman bandas, etc., etc.

 

 

            k)   Analfabetismo, aunque también debería hablarse de las deficiencias educativas en la escuela actual, es algo que ha venido profundizándose poco a poco, ya la educación no es la misma que era por los años cincuenta, ahora en los setenta se han acortado las horas, algunas asignaturas son de menos tiempo, se dice que desaparecerán algunas, es decir la educación insuficiente vendría a ser también una motivación para que los jóvenes y señoritas tengan menos información, la misma que podría darles una mejor idea de lo bueno que significa profesionalizarse, pero también se tiene el mal ejemplo de quienes teniendo cargos y poder delinquen, ello lleva a decir de los jóvenes: " si ellos lo hacen por qué nosotros no?

 

           l)    Dislocación del medio familiar, separación, divorcios, etc., ocasionan una “cojera” en la formación social del infante o adolescente, dando lugar a un posible futuro delincuente, siendo en parte esto culpa de la sociedad. Para evitar esto debería promoverse una adecuada planificación pre-matrimonial, además de los exámenes de salud y legales, debería aplicarse entre los pretendientes pruebas de investigación, con la finalidad de descubrir las incompatibilidades que podrían surgir entre los futuros esposos. Creo que es posible sondear y predecir futuros conflictos y preparar a los contrayentes para superar esos inconvenientes, procurando igualdad cultural, normalidad mental, etc., de ese modo evitar los llamados hogares disfuncionales, que son los que en cierto modo promueven jóvenes rebeldes y que en medio de escapismos van procreando conductas equivocadas, nidos de futuros delincuentes.

           m) Vista menguada, en algunos casos deviene  en sentimientos de inferioridad, es menester que los padres presten atención en sus hijos, cuando tengan dificultades de visión y solucionarlo a tiempo. 

           n)   Defectos físicos que provocan sentimientos de inferioridad y rencor, resentimientos, etc., o también ciertas disfunciones o impedimentos físicos, que son muchas veces motivos de burlas o de abuso, que a su vez consiguen hacer de ciertas personas contestatarias o que aniden resentimientos que luego podría formar conductas criminógenas, hay algunos casos, pero bien podrían estos aumentar y ser una estadística alarmante, que podría dar lugar a poblaciones amantes de revueltas o de agruparse con gente que podrían convertirse en equivocados revolucionarios.

           o)   Educandos que viven en ambientes de pobreza o miseria, sin acceso a útiles, libros, uniformes adecuados, procreando todo ello un ambiente de disminuidos socio económicamente, lo que procrea resentimientos cuando no se tiene adecuada información, construcción de valores y de respeto a lo ajeno, etc., etc., hoy empiezan robando pequeñas cosas luego querrán más y más y terminan convirtiéndose en avezados asaltantes. En las entrevistas que hicimos a algunos internos, nos contaron casos en los que se dieron estas situaciones, de modo que es algo que confirmamos en esas entrevistas a delincuentes que probablemente con el sistema inadecuado de rehabilitación no podrán corregirse, están irremediablemente perdidos ya. 

          p)   Malas relaciones entre padres, crean traumas entre los hijos, incluso entre los propios padres, llegando en algunos casos uno de los conyugues al crimen, recordar casos sonados en la prensa policial. El asesinato por conflicto está tipificado en los Códigos Penales, la disposición a cometer el hecho se crea por la estrecha y a menudo intolerable convivencia de los integrantes de una familia, hasta el punto en que parece lícito emplear un arma para terminar la situación. El caso de un señor N.N. fue condenado a 25 años de penitenciaría, analfabeto, taras ocasionadas por vivir en lugares donde se embriagaban con coca y alcohol, se embrutecía en un ambiente de subdesarrollo (Pueblos jóvenes) 

          q)   Alimentación insuficiente, el hambre impulsa al delito, en muchos casos podríamos decir que: “Casi todos los delitos nacen en general de una incompatibilidad entre las necesidades y la imposibilidad de satisfacerlas”.

 

 

 

       Lo cierto es que el crimen se da en todas las clases sociales, otra cosa es que se reprima y persiga con más frecuencia la delincuencia común, mientras que los delitos más evolucionados a mayor escala, quedan circunscritos al misterio, no ingresan al conocimiento general, es más, no son penados, la impunidad es el punto final, el destino de esos casos.

        La delincuencia tiene su origen en las sociedades donde la propiedad privada es un signo exterior de riqueza. La ambición del ser humano es verse libre de la miseria, tener salud, ocupación estable, ser mejor instruido, en resumen tener más dinero y mejor posición social, no importa el costo ni los medios para conseguirlos.

 

No es pernicioso ambicionar, no es pecaminoso inducir  al hombre hacia el logro de la superación y el triunfo, si las condiciones económico  sociales permitieran en realidad llegar a esto, pero sucede lo contrario, mientras la cultura propone objetivos loables, la estructura social cierra el camino a la consecución de los mismos, cierra el paso a la gran mayoría y favorece el ascenso de unos pocos, que ya se encuentran en la vía del triunfo, es donde “muchos hombres” se ven obligados a adquirir o adoptar comportamientos desviados, careciendo de medios lícitos para lograr lo deseado, para alcanzar el éxito económico, empleará los ilícitos, se convertirá en delincuente quiera o no y escapará del conflicto de esa manera, para esa persona el problema quedó solucionado, es su forma de ver las cosas.

Esto en cuanto a los desposeídos, pero el fenómeno se da también en las clases media y alta,  es así que tenemos por ejemplo: médicos ilegales, contadores fraudulentos, consorcios de abogados que “mecen” a indefensos clientes, clínicas con médicos inescrupulosos, galenos que recetan drogas a los adictos, abortos provocados, certificados fraudulentos, ingenieros irresponsables, políticos que sustraen de la caja fiscal y luego se dice: ¿Por qué un tipo tan bien educado…? Y la respuesta sería: debido a los escasos valores aprehendidos, si con h intermedia. Esto en referencia a la clase media, pero ocurre que los ubicados en posiciones más altas de la escala, además de ver facilitado su ascenso, por ser los componentes del grupo dominante, también hacen uso de refinamientos, transformándose en delincuentes de “cuello blanco”, son aquellos a quienes "les premiará la impunidad".

 

La delincuencia es un fenómeno social que se presenta en todas las sociedades del mundo, el delito no es la mera violación de las normas establecidas, sino que es toda forma de conducta que se opone al bienestar de la población y la paz social. La desigual posesión de los medios económicos genera relaciones y condiciones conflictivas, que se ponen en manifiesto a través del proceso de la producción y el consumismo del mundo capitalista y de los medios empleados en las finanzas, el comercio u otros negocios, como la publicidad comercial organizada como marketing, el sistema de ventas a plazos, que provocan y favorecen cierto tipo de delincuencia, no solo en la clase baja sino en la media y la poderosa clase alta. ¿Cómo? Inclusive pueden generar conflictos personales que al no tener solución desembocan en tragedia, el suicidio. Las expectativas no resueltas muchas veces provocan insatisfacciones, que no siempre son toleradas y llevan a resolverse de maneras insospechadas.

Desde luego que el fenómeno delictógeno no se podrá eliminar, es imposible, pero si quizá atenuar. El delito tiene su base en el medio social y es allí donde debe prevenirse, mediante apreciación de valores, medidas de tolerancia, acortamiento de distancias económicas, es decir la conjunción de una serie de medidas sociales tendientes a limar asperezas y buscar mientras tanto la superación del malestar, ocasionado por la inequidad en el reparto de la riqueza..

Las enfermedades de la sociedad, ocasionan malestares y resquebrajamientos entre los componentes familiares y comunales.

 

QUISIERA MIL PÁGINAS, MILES DE PÁGINAS COMO ESTA PARA PROTESTAR

 

a) Para protestar por las injusticias que se cometen con el pueblo.

b) Para protestar por la falta de hombres, que de alguna manera luchen para lograr la superación de estas etapas caducas, impregnadas de imperialismo, consumismo además del liberal y agresivo marketing.

Para protestar...

c) Para protestar por la inmoralidad de los encargados de moralizar.

d) Para protestar por la falta de adecuados centros educativos.

e) Para protestar por la represión en los centros universitarios

_____________________________

 “Las cárceles peruanas siguen repletas de presos políticos – sociales, en iguales o peores condiciones que las padecidas por las personas descritas en mi obra.

“LA PRISIÓN” Gustavo Valcárcel 

 

“Me siento solo. No tengo donde poner la ropa de cama, me rasco el escozor que me dejan los chinches. La celda trasciende a una humedad entibiada por todos los humores que el techo en bóveda retiene. Esta es oscura, estrecha, maloliente, porque el presidio está cruzado de albañales.

“HOMBRES Y REJAS” Juan Seoane 

 

 

Y...

 

Pero a todo esto, ¿qué es la cárcel?

Tendría que dar muchas y variadas respuestas, me limitaré a emitir algunos juicios valederos.

El edificio en si es una porquería, comenzando desde el punto de vista estético, ahora si hablásemos desde el punto de vista salubre, tendríamos que escribir toda una obra dedicada a enjuiciar a los responsables, por dictaminar la estancia de seres humanos en aquellas pocilgas de hierro y cemento.  

Cada día nuevas caras de guardias, la misma triste miseria de sus ropas nos hacen ver el estado en que se encuentran, todos ellos desnutridos, claro, si son parte del pueblo. ¿Qué piensan? Son el pueblo uniformado, lo cual les hace creer que se encuentran en una posición privilegiada.

Mentira, mil veces mentira, allí están porque la oligarquía los necesita, pero luego les darán una patada en el trasero y...  

Ahora, si se observa el interior mismo del edificio, tendremos como resultado la triste realidad de encontrarnos ante pútridos espectáculos, los servicios higiénicos, remedos de tal cosa, son apenas huecos abiertos ante la impertinencia de nuestras heces fecales.

Los que tienen que usar aquello por necesidad, pero hay otros que lo hacen por doquiera y...

Un nuevo día, el "viejo" está amargo.

Ingresó al taller y...

- Buenos días a todos, ¿qué tal?

Hola, hola contestan a coro algunos, otros sueltamente...

- ¿Qué tal viejo?

Me llama un compañero y me dice en voz baja, al oído:

- Mejor, mejor no lo jodas..., anoche se "trancó"...

Claro el "viejo" esta amargo, anoche se "trancó", pero Uds. se preguntarán ¿con qué?

Hay dos formas, una con pastillas y la otra con el trago que ingresa al penal por intermedio de los propios guardias, aquellos que no están con los bolsillos suficientemente acomodados para satisfacer sus propias necesidades, las buenas o las malas, eso es otro problema, pero lo cierto es que, hay salarios de hambre y también vicios creados por el propio Sistema, con su publicidad desesperada en cine, revistas y todos los medios de comunicación, vicios que todos buscan satisfacer, pero no tienen dinero para ello, de modo que tienen que agenciárselo, de allí jueces coimeros, policías que piden “un sencillo” y guardianes de cárceles que se "recursean" un billete “dándote la mano”. Así es la vida, perversa y pútrida… 

Un interno nos dijo así: "Todo es asfixiante, una calor tremenda y los perros corretean, los unos y los otros, el polvo se me introduce hasta la silla turca. ¡Qué terrible! No hay un solo lugar donde no haya tierra, todo es polvo y mierda. ¿Qué hacen los benefactores de la patria, que no echan un poco de cemento por aquí? Y nos dan más áreas verdes para vivir como Dios manda o como ellos viven… ¿Es que no hay humanos en esto que llaman cárcel?"  

Hay buenos edificios, magníficos club, correctos centros de esparcimiento para los gamonales y explotadores del pueblo, ¿pero se acordaron alguna vez de "darle una vueltita por la “cana” y ver cómo viven los presos, cual desperdicios humanos y a causa muchas veces de la propia sociedad? Después esta misma sociedad se queja de los que salen de la cárcel, es que allí se vuelven fieras y lejos de regenerarse sucede lo contrario. 

- Sabes Aldo? Desearía trabajar pero no tengo plata para comprarme herramientas, ¿no tienes algo para prestarme? Necesito unos dos mil solcitos... me dice humildemente un interno. 

- Yo también necesito, creo que aquí tengo para rato y ya debo pensar en qué ganarme la vida, afuera tengo que pagar letras y otras  cosas. No, no tengo.  

Ah...pero yo se quien tiene. El estado. El estado tiene harta plata, para eso se paga impuestos, me contesta

Ellos son una cag...

Yo pienso lo mismo, agrego.  

Los planes de trabajo que tiene el gobierno solo están encaminados a rehabilitar según nos dicen: al campesino, al magisterio, al minero, etc., pero ¿sabes? Ni eso es verdad, solo se encargan de dar medidas paliativas en aquellos sectores, para que pueden de alguna forma sentirse "agradecidos" y que les pueden corresponder con creces y dólares en una cuenta bancaria.  

¿Dónde están los médicos del pueblo?, la sociedad está enferma, está contagiada, esta caduca, agotada. Hay necesidad de revolución para lograr superar estas dolencias. Hasta cuándo habrá marginados, clases desposeídas, sectores de excluidos. Allí se necesitan no solo herramientas, se necesita montar talleres para lograr, mediante planificación adecuada de trabajo, la rehabilitación del preso. Sería una de las medidas de terapia de grupo que pueden ser aplicadas.

Pero, no hay preocupación...  

 

ALGO MÁS

 

La sociedad prepara sus criminales, lleva ella sola toda la responsabilidad.  

LACASAGNE

 

El individuo no existe fuera de la sociedad, la personalidad no se forma sino por los grupos y en los grupos. El desarrollo del ego es paralelo al desarrollo del alter, por lo tanto hay una profunda correlación, además de estrecha, entre lo individual y lo social.  

Hay que tener en cuenta que la gran causa de los desórdenes sociales, llámese crimen o cualquier otra forma de patología como la delincuencia, es la alienación, como consecuencia de la lucha de clases, y el crimen en su génesis social, es en sí lo patógeno.  

Tenemos salarios bajos; en vez de vivienda, tugurios; en general podríamos hablar de las contradicciones de la sociedad capitalista y la conciencia que de ello adquieren los individuos. Los conflictos patógenos del individuo son la repercusión o la resonancia en un ser particular, de los conflictos generales de la civilización capitalista caduca. 

Se tiene el concepto erróneo o particular, de que solamente los resquebrajamientos de las relaciones familiares traen consecuencia en las  conductas desviadas, entre ellas la delincuencia, pero hay que tener en cuenta que los conflictos entre el individuo y la sociedad, se dan en tres niveles: el de la familia, el de la comunidad y el de la sociedad global.  

Ahora bien, si las experiencias familiares son importantes, no hay que olvidar que las fuerzas económico - sociales, ejercen presión desde fuera sobre la familia y por consiguiente a través de ello influyen sobre las experiencias del individuo.  

Por supuesto,  entonces existe una interacción individuo - familia - sociedad. No hay que considerar únicamente los conflictos entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, sino todo el conjunto de contradicciones accesorias y que son: ideológicas, políticas y culturales.  

Esencialmente hay que considerar el papel condicionante de la sociedad sobre el hombre. Las enfermedades mentales (algunas degeneran en delincuencia), aparecen a causa de los rigores de un medio que pone en peligro al individuo, quien agota sus recursos nerviosos, impide el control del sistema nervioso central y libera los sistemas sub-corticales o neurovegetativos, esto en buena cuenta, sería la explicación psicológica del delito, que se da como comportamiento psico - biológico, ¿acaso entonces las causas del crimen sean puramente socio-biológicas? 

De allí el tremendo error de Freud, anula el papel de los factores socio - económicos y en particular el papel de la lucha de clases, para conceder papel decisivo a los factores biológicos, especialmente a los sexuales.  

Esto no es más que una subestimación de lo social y su influencia a lo largo de la vida. Si el sistema social está desorganizado, como de hecho lo está, el individuo, la familia (célula social), interioriza esta disgregación y es así que nos vemos conducidos a explicar las desviaciones de los individuos a través de los cuadros mismos de la sociedad global.

 

Antes de decir algo respecto a la rehabilitación, hablaremos acerca de las causas del desarrollo criminal.

 

 CAUSAS DEL DESARROLLO CRIMINAL.

 

Desde luego que esto se particulariza en lo concerniente al penal de Siglo XX (año 1971), pero creo en general se puede apreciar lo mismo en todas las cárceles del país. 

      a)   Falta de talleres.- Los que existen aparte de rústicos son reducidos, a fin de dar cabida a mayor cantidad posible de artesanos. 

      b)  Falta de herramientas.- No existe una partida que se haya destinado para la adquisición de tales elementos necesarios para trabajar, que muy bien se encontrarían en manos de internos que saben usarlos y sacarles provecho. 

      c)   Falta de alicientes salariales.- Esto también es un factor coadyuvante a la desocupación, ya que los salarios existentes son en realidad meras propinas dadas por los patrones. Existe la explotación, esto debido al contagio que se extiende por toda entidad, contagio que proviene de la enfermedad social de un régimen explotador.

  d)  Ausencia de personal especializado en el trato a reclusos.- Es decir a los que se aboquen a la tarea de rehabilitación, porque de haber personal especializado en el "tratamiento" de reclusos, este existe, solo para dar un tratamiento con vistas hacia el peyoramiento del mismo. 

     e)   Inmoralidad de algunos guardianes y/o autoridades.- Los encargados de vigilar el no-ingreso de bebidas alcohólicas, coca, drogas, etc., o se hacen de la "vista gorda" a cambio de pingues ganancias o son directamente proveedores de los elementos que se utilizan en las orgías, con sus respectivas "hembras" (léase homosexuales) inclusive la presencia de orquestas de renombre ya conocidas en el medio carcelario. 

     f)    Falta de áreas de recreo.- Aparte de dos canchitas de fulbito, de tierra pedregosa,  no existe otro campo para practicar otro deporte civilizado. No hay sitios adecuados para cambiarse ropa y duchas, promoviendo con lo primero la proliferación de los desvíos sexuales y la falta de higiene física con lo segundo, debería tenerse en cuenta este factor rehabilitador. 

      g)  Falta de biblioteca.- Dicen que hay una, pero en realidad no funciona. 

      h)  No existen juegos de salón.- O es que no lo merecen... 

      i)  Insalubridad del local.- Al verlo y recorrerlo mediante fotografías conseguidas, me hizo recordar la insultante situación de un campo de concentración nazi. Es deprimente, bastante deprimente, recorrer el penal a lo largo y a lo ancho. Los servicios higiénicos son verdaderas letrinas, remedos de tal servicio. Los comedores no son tal cosa, están al aire libre y son antihigiénicos, de allí que el 90% de los internos toman sus alimentos de pie. Todos los pisos del penal son de tierra, me refiero a los exteriores de las celdas. No hay un solo banco alrededor del penal donde uno pueda tomar asiento a recibir sol o "refrescante" aire. Todo es tierra, no existe ni un solo pedacito de área verde. 

       j)    Falta de menaje doméstico.- Al ingresar uno a la cárcel, si tiene uno el privilegio de conseguirse lo que se llama "cacharro" comerá civilizadamente, de lo contrario tendrá que agenciarse alguna lata vieja o simplemente un papel en que recibir la porquería que allí se sirve de alimento, los que son preparados en el exterior del penal y presentan todas las características deficientes en cuanto a calidad se refiere, en lo referente a cantidad estas son irrisorias, hay momentos en que se ve a un interno abalanzarse sobre la ración de otro. 

      k)   Estado desastroso de las celdas.- Mejor deberían llamarse "jaulas", me recuerdan las existentes en el zoológico municipal del Puente Grau. El lugar donde deberá tomar diariamente descanso el interno, es un cajón de concreto de dimensiones estrechas para que acoja 3, 4, hasta 6 internos cada una. Al ingresar un habitante, tendrá que encontrarse con una de estas cajas de cemento y hierro, totalmente pelada. Nada, absolutamente nada en ellas. Si uno no lleva cama o algo parecido, estará condenado a dormir en el suelo pelado, de hecho muchos lo hacen y tienen de lecho el piso de cemento húmedo y pestilente. 

Las puertas son enrejadas con una pequeña ventana de barrotes, por donde si no se consigue forrar, penetra a lo largo  de la noche, el frío viento, causante de muchas enfermedades bronco-pulmonares que es la característica del penal y la mortal TBC. 

Los servicios higiénicos son insuficientes y mal ubicados, lo cual da lugar a que los que se encuentran en los pisos superiores (3), por flojera de ir hasta los servicios, exponiéndose a lo que pueda suceder, desde los altos propician chorros inmundos, quedando el piso bajo con la característica de urinario, a la vez que resbaloso, pestilente y virulento.

En fin, las condiciones de vida en esta cárcel son infrahumanas, como me imagino deben ser las de todas las cárceles de Perú.

El subdesarrollo de la sociedad se refleja nítidamente en sus instituciones. Sería bueno que por un día, únicamente un día, todos los jueces y autoridades judiciales estén encerrados allí y sientan en carne propia lo que es vivir enjaulado, sin las más mínimas esperanzas de recibir un trato humano. 

En las arcas del estado existe dinero suficiente para hacer realidad la rehabilitación científica de los penados, pero desgraciadamente los burócratas impiden la avanzada de los dineros necesarios, que fugan misteriosamente hacia empresas y planillas fantasmas. ¡Si o no!!!  

 

¿REHABILITACIÓN? 

En primer lugar hay que tener en cuenta que, el hecho de encontrarse interno en un penal, el que allí se encuentra no está desligado de la sociedad, sigue formando parte de ella, por lo tanto debe gozar de las prerrogativas que ella brinda a sus componentes, pero con el control necesario y sin apartarse de la condena a sus faltas contra esa misma sociedad.

Un Centro de Rehabilitación debe ser una comunidad, en la que el enfermo hace un re aprendizaje de la vida social. Los psicólogos, médicos, auxiliares, asistentes sociales,  etc., etc., tienen tareas que cumplir dentro de esta comunidad.  

Será tarea de los psicólogos la reeducación de las interrelaciones, la socialización del paciente por medio de terapias de grupo por ejemplo, socio o psico-terapia;   mientras los médicos tratarían la rehabilitación orgánica del paciente, las enfermeras o enfermeros será los auxiliares en esta tarea, se entiende que serán especializados y de hecho los hay.  

Las asistentas sociales extenderán su tratamiento a la familia, medio social y futuro trabajo del rehabilitado. Hay tendencia a curar estos males solo por medio de la medicina y de hecho  no hacen más que curar al animal que cada uno lleva en sí, ¿miento? mas no al hombre en todo el sentido de la palabra, de allí que Comte haya sido tan severo con los médicos, llamándoles "veterinarios".  

En lo referente a la terapia que se aplique al medio social, es necesaria, es indispensable transformar las condiciones de vida en las cuales se desenvolverá nuestro rehabilitado, de lo contrario prontamente lo tendemos de regreso al centro. 

Las actuales cárceles (1971) carecen de orientación técnico-pedagógica para reeducar, es más, son un atentado  a las mínimas y elementales normas de higiene física y mental, considerándose inútil la tarea del psicólogo, siendo lo imprescindible mejorar las condiciones del penal, sumado a la investigación psicológica del interno. 

El fijar normas de vida para la persona humana, no puede hacerse arbitrariamente, debe estar determinado en base a un estudio científico del sujeto y no someterlo a un régimen de vida que no permita su recuperación. La actual organización de los penales no responde a ningún principio científico, principio al que está obligado el estado aplicar, cuando ejerce la tutela de los internos. La traba más difícil de transponer es desarraigar  el equívoco concepto de pena o condena y las consecuencias psíquicas que de ello se evidencia. 

En principio, la reeducación no puede cumplirse en sitios donde se practica una violenta represión y se pretende corregir la conducta errónea con impiedad y castigo. La reclusión en establecimientos que no responden  a finalidades reeducativas, tal cual se ve en los actuales penales, causa displacer y ocasiona actitudes de rencor y agresividad, lo cual va en desmedro de la modificación de la conducta del allí interno. Aparte de conocimientos terapéuticos se necesita aunar a ello, el amor hacia el semejante, lo cual redundará en beneficio del individuo a reeducar. 

 

Debería tenerse en cuenta: 

a.-  Estudio particular de los internados, para captar su personalidad desde el punto de vista psíquico, observar su conducta, hacer su historia clínica, autobiografía si es posible. Obtener las características de su inteligencia, afectividad y carácter. Una anamnesia prolija. 

b.- Llevar un registro pormenorizado de los internos, para en lo posterior, al salir del penal, ayudarles, en lo que fuera posible. 

c.- Confección de fichas psicológicas con resultados de observaciones, investigaciones psicotécnicas y los métodos aconsejables para su reeducación. 

d.- Entrevistas personales, que a la larga establecerán una vinculación entre psicólogo y paciente, que será de  muy provechosa utilidad. 

Cabe anotar que la vida dentro del penal se mueve en un círculo social apretado, con pocos o ningún contacto con el exterior, ciertas tensiones de origen fisiológico llegan a dominar y actuar como medio estimulante de la conducta, la misma que adquiere un panorama instintivo. Es más, no puede obligarse a los futuros internos a vivir en un centro en donde no existe un previo conocimiento de sus necesidades vitales y de sus tensiones psíquicas normales.  

La norma básica para la organización de un penal debe ser la adecuación de las condiciones de vida  a las necesidades individuales. Al producirse la reclusión de un individuo, alejándole del medio al que se acostumbró a habitar, se le exige la creación de nuevos hábitos, lo que produce en la mayoría de los casos trastornos de diferente índole. 

El actual sistema de reclusión viola las más elementales reglas y normas de vida que convienen al individuo, generando conflictos que dificultan la integración social del egresado. El traslado de una persona a un ambiente distinto implica siempre una crisis psicológica, cuyas características dependen de la naturaleza del sujeto y de la diferencia del nuevo ambiente social y el anterior. 

Se producen fases y estas son: 

a.- Desorganización psíquica de las conductas habituales, se produce una desorientación. 

b.- La reorganización que depende de las condiciones personales del interno y adecua su conducta de acuerdo a las características del medio, produce desde luego desequilibrios afectivos, se originan verdaderos conflictos dando lugar a casos patológicos definidos. Se producen neurosis por falta de integración social, etc. 

Es observable que los que son antiguos en el penal o tiene escasas probabilidades de salir libres a la brevedad, son o que se comportan con sadismo y agresividad hacia los que son "primerizos" especialmente. Es así que se producen robos, violaciones, "soplos" y una serie de conductas prohibidas. 

Es necesario llevar a cabo análisis de las personalidades allí existentes (casos), estudios simultáneos de los factores sociales y psicológicos, para aplicar la terapia adecuada a cada caso. 

El remedio uniforme de reclusión es una droga de nefastas consecuencias en la inmensa mayoría de los casos, de allí que es necesaria la investigación. Es claro que se presentaría dificultoso el tratamiento individual, pero también hay técnicas de grupo que de hecho se pueden aplicar estableciendo "grados". 

Existe una clasificación de Mc Cord en su obra "El Psicópata" en la que estipula: 

1.- El delincuente socializado formado por una subcultura desviada y que se adhiere a los valores de su grupo.

 2.- El delincuente neurótico cuyo comportamiento emerge de la ansiedad creada por conflictos inconscientes no resueltos. 

3.- El delincuente psicopático que puede realizar toda la escala de actos agresivos sin ansiedad, sin culpabilidad. 

Por lo mismo, causas diferentes, exigen tratamientos diferentes, se nota la delincuencia como consecuencia del medio en que se ha vivido y de la composición constitucional, aunándose a la teoría neurológica. 

El abandono de los padres, el ambiente sin calor afectuoso de un hogar, poca o nula instrucción recibida, condición económica deficiente, los bajos salarios, y por el tipo de trabajo sin mayores perspectivas de éxito y progreso.

 

Existe pues: 

Psicoterapia individual, mediante una labor orientadora de apoyo del psicoterapeuta hacia el paciente, se da una relación interpersonal, no interviene otra persona, y Psicoterapia de grupo, en la que se dan relaciones interpersonales a través de un grupo. “El hombre necesita de un líder a quien admirar y quien los eleve en parte de su responsabilidad. “Paul Schilder, Tratamiento de Psicoterapia. 

La Psicoterapia de grupo es una de las formas terapéuticas que mejor ayudan a la consecución del fin. La participación y actuación consciente del individuo con un grupo, hace posible su curación, mediante labores manuales en talleres, teniendo en cuenta su vocación, así tenemos ladrillería, carpintería, gasfitería, cestería, electricidad, zapatería, sastrería., etc., lo cual redunda en: 

a)   Higiene mental

b)   Aprendizaje de un oficio

c)   Remuneración económica, y

d)   Disminución de la pena, en función de los días de trabajo, en los casos aplicables.

e)   Es necesario además la existencia de campos deportivos tales como básquetbol, box, fútbol, gimnasios adecuados, lo cual proporciona a los que activamente intervienen, como a los espectadores, horas de placer y distracción, como medios coadyuvantes de terapia.

f)    Los juegos de salón como damas, ajedrez, ludo, proporcionaran un alivio a las tensiones físicas y mentales (ludoterapia)

g)   Las bibliotecas, cursos por correspondencia, clubes deportivos culturales, también son necesarios.

h)   Las charlas, conversatorios, conferencias, tanto de interés moral como social, son necesarios ya sea para los internos como para el personal de cuidadores, veladores y guardianes que a la larga serán de ayuda para el psicólogo.

i)    Estas pautas y otras, nos llegan mediante lo escrito por Reina Reyes en su libro “Psicología y Reeducación”. 

Cabe agregar que las deficiencias de diferente índole que existen dentro del penal de Siglo XX en particular y las que existen en todos los penales del país, propician el desquiciamiento de los allí internos, más de lo que nos podemos imaginar. 

Es necesaria la intervención del estado con la finalidad de dotar a los centros penales, de profesionales indispensables para lograr la rehabilitación del delincuente o generalizando del allí interno, ya que en verdad, no todos los que allí se encuentran son delincuentes, solo se encuentran allí internados. 

Es necesaria también la intervención  de Psicólogos, Asistentes sociales, Sociólogos, Médicos, Enfermeros, para que pongan al servicio de la sociedad y de sus integrantes sus conocimientos, para lograr la rehabilitación del interno. A la vez se necesitan planificadores de trabajo, ingenieros y en general a todo sector profesional para planificar lo concerniente a cada profesión y que se aplique a la tarea rehabilitadora. 

Por supuesto que la intervención de la banca y la industria también debe ser propicia, toda vez que se necesitará ayuda de diversa índole, a fin de lograr la buena marcha de todos los planes a realizarse. El estado en buena cuenta es el principalmente llamado a realizar esta labor, es el catalizador; demás está decir la manera cómo intervendrán. 

Tengo entendido que existe en la División de Criminalística la llamada Dirección de Readaptación, de la Dirección General de Penales y es a ellos a quienes hago el llamado para que se esmeren en lo concerniente a su labor, para ello están situados en los puestos que el pueblo les ha encomendado. 

En fin, creo que está demás hacer hincapié sobre la necesidad de labor conjunta de todos los sectores sociales a fin de llevar a buen término esta tarea que se hace meritoria por la finalidad que persigue. 

Lo principal, aparte de la buena voluntad que existe entre el sector profesional, es la presencia de partidas especiales para llevar a cabo toda la labor que se planifique. 

 

Y LLEGÓ PARA MÍ, EL ODIADO FINAL 

Pero para darle un placentero lugar a lo que sea, me place a su vez escribir esto. 

Tenemos el sagrado compromiso de buscar la liberación de todos los hombres de la desigualdad social, de toda forma de opresión y explotación, de los horrores de la guerra, de proporcionar paz y trabajo, libertad, igualdad, fraternidad y la dicha de todos los pueblos, de tener todo aquello con lo que el hombre soñó a lo largo de siglos y milenios. 

La igualdad y la libertad han sido siempre los ideales de la parte avanzada de la humanidad. Es así que se produjeron las revoluciones burguesas de los siglos XVIII y XIX, pero en una sociedad basada en la propiedad privada sobre los medios de producción y dividida en clases de explotadores y explotados, de opresores y oprimidos, este sueño quedará siempre sin llevarse a la realidad. Esta realidad se hará posible bajo las banderas de una doctrina social auténticamente humanista y solidaria. 

Cuando los medios de producción pasen a ser propiedad social y la explotación del hombre por el hombre sea imposible de realizar, se abrirá entonces el camino a la igualdad efectiva y no formal, de de los hombres para su real liberación. 

Uno de los grandes sueños de la humanidad, son la igualdad real y universal de los hombres. La igualdad se conseguirá en una sociedad sin clases, donde se liquiden los últimos restos de las diferencias sociales  la desigualdad que se encuentran vinculadas a las mismas 

Se necesita una sociedad que abra ilimitados horizontes, orientados hacia el florecimiento de la individualidad humana en toda su infinita diversidad. 

La igualdad se refiere a la eliminación de diferencias y condiciones que colocan a los hombres en diferente posición social. Ni siquiera la diferencia en cuanto a las actividades, al trabajo, trae consigo ninguna desigualdad, ningún privilegio en el sentido de la posesión y el consumo. En esto reside el gran significado social de la forma de distribución de los bienes materiales y espirituales. 

Muchos de Uds., estimados lectores, se preguntarán: 

¿Y a qué viene hablar de todo esto? Pues al tener una sana sociedad también sus integrantes serán sanos. Bien, es importante superar esto, conseguir la verdadera libertad, la de trabajar sin explotación. El poder del trabajo da un verdadero sentido a la democracia, es decir al principio de la soberanía del pueblo que realiza la mano de obra. Durante miles de años imperan condiciones sociales que hacen inevitable los choques de individuos y de clases enteras. Estas diferencias de clases dieron origen a la coerción, creando un aparato especial, como una serie de normas jurídicas impuestas a los hombres por la fuerza de las clases dominantes. Hay que hacer desaparecer el terreno para cualquier género de medidas coercitivas. 

No olvidemos que nuestro país nace de la "interrupción brutal de un proceso cultural", cuando los hispanos irrumpieron en América, motivados por el hambre y la ambición de poseer oro de la manera más fácil. Ellos no nos descubrieron, nos encontraron en su camino, ellos deseban encontrar una nueva ruta hacia las Indias, porque la otra estaba interrumpida por los musulmanes, turcos, árabes, etc., de modo que enrumbaron al occidente para encontrar oriente, en donde estaban las Indias de Marco Polo, en el acertado razonamiento de la redondez de la tierra y es así como se toparon con América y es Panamá con los llamados "los tres socios de la conquista" en donde nace la idea de irrumpir en los mares del sur, en Perú, en el imperio en donde abundaba el oro y llegaron aquí interrumpiendo un proceso cultural que se estaba dando de manera correcta en el tiempo y en el espacio y llegaron a corromperlo todo hasta el día de hoy.

Pero aun con el viento en contra, tenemos que lograr hombres cultos, con firmeza de ideas y rígida moral, que observen las sanas normas de convivencia humana. Uno de los objetivos del hombre debe ser la libertad plena, el desarrollo de la personalidad, el perfeccionamiento físico y espiritual del hombre. En ello veríamos la verdadera libertad, en el más elevado sentido de la palabra. Tenemos que luchar por conseguir la cultura de la sociedad sin clases, la cultura del pueblo, la cultura de toda la humanidad. 

Todas estas nuevas condiciones de vida engendrarían impulsos morales: la solidaridad, la buena voluntad mutua, un sentimiento de honda comunidad con los demás miembros de una misma familia humana. 

Todo esto brindaría a la humanidad, ilimitadas posibilidades para gozar de la vida y tomar de ella todas las alegrías que pueda dar. No se habla de libertad en el sentido de romper todos los lazos sociales y la liquidación de toda organización social, tal “libertad” no puede reportar beneficio alguno a los hombres. Esta es la forma de entender la libertad, para los partidarios del anarquismo y del individualismo pequeño burgués. Para que la producción social funcione y se desarrolle normalmente, para que la civilización y la cultura florezcan, asegurando a los hombres el bienestar, una vida libre y feliz, la sociedad necesita de una organización más perfecta, una forma superior de organización social.  

 

Alguien escribió esto: “Es necesario prolongar la vida del hombre, acabar con las enfermedades infecciosas, reducir al mínimo las que no lo son, vencer a la vejez y el cansancio, aprender a devolver la vida en caso de muerte casual o prematura; es necesario poner al servicio del hombre todas las fuerzas de la naturaleza, la energía del sol y del viento, el calor del subsuelo, emplear la energía atómica en la industria el transporte y la construcción, hacer reservas de energía y enviarla a cualquier lugar por medio de procedimientos inalámbricos; es necesario prevenir y evitar definitivamente los cataclismos, inundaciones, huracanes, erupciones volcánicas y terremotos; producir en todas las fábricas, sintetizar, todas las sustancias que se conocen en la tierra, hasta las más complejas –proteínas- y otras que la naturaleza no posee, más duras que el diamante, más resistentes al calor que el ladrillo refractario, menos fusibles que el tungsteno y el osmio, más flexibles que la seda y más elásticas que el caucho; obtener nuevas razas de animales y variedades de plantas que crezcan más de prisa, que den más carne, leche, lana; cereales, frutas, fibras y madera, para las necesidades de la economía regional; adaptar a la vida y poner en cultivo y utilización de zonas ahora improductivas, pantanos, desiertos, en el fondo del mar, etc. 

Es así como jamás dejarán los hombres de esforzarse por la ciencia, tampoco dejarán de hacerlo por perfeccionar la estructura de la sociedad en que viven, las normas de relación y convivencia humana y todo esto redundará en beneficio del hombre a fin de eliminar los conflictos que se dan conscientemente en él, entre ellas la delincuencia.  

Necesitamos practicar una auténtica democracia. Necesitamos una sociedad de clases amistosas, de trabajadores es decir de obreros, campesinos e intelectuales. Hay que tener en cuenta que la clase obrera es la esperanza de la humanidad progresista. La historia ha demostrado que la clase obrera posee toda la capacidad creadora y transformadora, necesarias para edificar una sociedad nueva. 

Así lo prueban las experiencias de otros países, mientras tanto… ¿Cuánta miseria, sufrimientos e injusticias quedan aún en la tierra? ¿Puede la humanidad liberarse para siempre de estas calamidades? 

Si puede, la experiencia de determinados países lo demuestra, es decir la teoría no es suficiente, lo es la praxis.

¿Cambiará esto algún día?, estamos casi a fines del año 1971, el año 2000 se ve lejano, pero en esas fechas será todo diferente? Eso espero

 

Jorge Paredes Romero

Estudiante 8vo semestre Psicología - Universidad Nacional "San Agustín" de Arequipa

 

Haga clic aquí y deje sus opiniones sobre la lectura de este ensayo social "La casa el jabonero" Muchas gracias

 

 

 

 

Pagina índice de todos los escritos de Jorge Paredes Romero